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Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

¡Feliz día del niño!

“Todos los niños tienen derecho

a ser un niño.

Derecho a tener sus sueños:

sueños de niño.

Y no de adultos pequeños,

sino de niños…”






Todos los niños tienen derecho

a ser un niño.

Derecho a tener sus sueños:

sueños de niño.

Y no de adultos pequeños,

sino de niños…

Todos los niños tienen derecho

a ser un niño…

… ¡y yo también!



Derecho a creer en el viento,

que trae canciones adentro,

que la luna es un espejo

donde se mira un gigante

flaco, tuerto, pobre y viejo.

Derecho a poder volar

con sólo cerrar los ojos,

abrir todos los cerrojos,

las jaulas y las ventanas,

ser ratón por la mañana

y de tarde ser un tigre.

Derecho a ser invisible

si me aprieto la nariz,

a aburrirme con los grandes

y salir para hacer pis.



Todos los niños tienen derecho

a ser un niño.

Derecho a tener sus sueños:

sueños de niño.

Y no de adultos pequeños,

sino de niños…

Todos los niños tienen derecho

a ser un niño…

… ¡y yo también!



Lalala…

Que canten los niños libres

¡esta baguala!

Cien años de… Juan Rulfo




“El calor me hizo despertar al filo de la medianoche. Y el sudor. El cuerpo de aquella mujer hecho de tierra, envuelto en costras de tierra, se desbarataba como si estuviera derritiéndose en un charco de lodo. Yo me sentía nadar entre el sudor que chorreaba de ella y me faltó el aire que se necesita para respirar. Entonces me levanté. La mujer dormía. De su boca borbotaba un ruido de burbujas muy parecido al del estertor. Salí a la calle para buscar el aire; pero el calor me perseguía no se despegaba de mí.

Y es que no había aire; sólo la noche entorpecida y quieta, acalorada por la canícula de agosto.

No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre.

Digo para siempre.

Tengo memoria de haber visto algo así como nubes espumosas haciendo remolino sobre mi cabeza y luego enjuagarme con aquella espuma y perderme en su nublazón. Fue lo último que vi”.

“Pedro Páramo” (1955)




Sebastián González

¡Bienvenido,Sebastián!






“Remolino” de Sebastián González



Dentro del remolino,

tu mirada, tu piel.

Silencios cómodos

cuando todo aturde.



No es mi culpa tu belleza.

Ni esa pasión de madre.

Ni tu sed de fuego.

Aunque me culpes



Sonreís, me arremolinás.

Giro sin mareos.

Miradas cómplices,

Ojos que reencarnan.



Una puerta se abre.

Se cierra.

Pequeño milagro del nosotros



Fotografía: Raveneye (usuario de DeviantArt)

Cristian Acevedo

Una novela metaliteraria narrada en futuro y en la que, a la manera de “Elige tu propia aventura”, el protagonista sos vos, sí: vos lector. Laberintos borgeanos, citas apócrifas, recursos poéticos desmantelados para disfrutarlos mejor, diálogos mezcla de Shakespeare y tomá mate en un mismo párrafo… Amor puro por la literatura, los libros y el rol del lector, eso es “Matilde debe morir” (Bärenhaus, 2016) del genial Cristian Acevedo.






“(…) Esas y otras preguntas se hará. Pero todas íntimamente. Razonará que hay algo… algo que vincula cada uno de los cuentos de Matilde. Un hilo conductor. Que es posible que haya una búsqueda. Inconsciente quizás. Una pulsión, que le llaman. Usted querrá haber leído más sobre psicología. Algo de filosofía, por muy poco que fuera. Y Crítica Literaria. Novela negra también. Haber leído más novela negra. Saber cómo funciona la mente de un asesino. La de uno literario al menos. Cómo se construye una novela, un cuento; su estructura, su arquitectura si vale el término. Por qué alguien se sienta a escribir, por qué se dedica a matar a sus personajes, por qué habría de involucrar a sus lectores. Deseará haber leído mucho más. Diez, cien veces más. Mil. Ser capaz de absorber toda la literatura disponible. No sólo la alta literatura, sino también ‘la otra’, la que entretiene y nada más. La que se caga en las etiquetas, la que te agarra de las solapas y te arrastra por donde se le antoja, y al carajo la representación de la condición humana. La que sólo busca contar bien una buena historia. De género. De aventuras, de terror, de amores perdidos, de crímenes complejos, de una mujer que va a ser asesinada y que nada se puede hacer. Haber leído los obligatorios, los Nobel. Los exiliados. Los que insisten en hacer literatura social y se estancaron en el barro del tiempo. Los conceptuales. Los que se reúnen para acariciarse el lomo y pellizcarse los pezones. Los de la recíproca alabanza. Los que inventan debates inútiles, los que se suman a cualquier polémica. Los conferencistas, los indignados crónicos, los del autobombo, los que se anotan en todas. Los reventados. Los de “aún no sé pero ya doy clases”. Los obsesivos. Los pioneros que enarbolan soluciones rancias porque no leen. Los vanguardosos. Los de prosa discreta. Los escritores milimétricos, los microscópicos. Los que se esmeraron en encontrar “la palabra”. Los que comprendieron los largos paréntesis del lector. Los jóvenes impunes. Los que sostienen que el “suceder” es barroco en lugar de preciso. Los capullos argentinos que escriben como traductores de la madre patria. Los timoratos, los solemnes. Los bárbaros, los eruditos. Los que publican poco, con vergüenza, con desánimo. Los que intuyen que a las editoriales les importa todo tres pitos. Los que publican sus domingos, sus meriendas en San Telmo, sus entrañas. Los que escriben anécdotas y las hacen llamar cuentos. Los que cuentan chistes sin gracia y los llaman microrrelatos. Los que organizan tertulias y cenas y orgías secretas, mientras recitan a Whitman y al viejo Vizcacha. Los que toman el micrófono y se resignan a leer sus historias para cuatro gatos locos. Los que su decencia no les permite hacer cosa semejante. Los que se ponen al palo ante la sola presencia de un micrófono. Los que murieron y se evitaron la vergüenza. Los humildes. Los desmemoriados. Los que se esconden, los que rondan, los que acechan. Los execrables lobistas de siempre. Los que se aíslan, los bestseller, los sometidos. Los fotogénicos, los sin rostro, los sin nombre. Los que escriben y nada más. Los que ya no escriben. Los de la Academia. Los populares. Los efectistas. La vasta lista de escritores que usted jamás ha leído. Todos sus pendientes. Los que aborrece, que sin embargo son unos cuantos. Los que usted guarda celosa y orgullosamente en su pequeña biblioteca. Los estoicos. Los que alguna vez oyó nombrar. Los que han sabido ser. Los genios. Los maestros. Los clásicos.

Todos.

Todos.

Todo”.

Charles Bukowski

¡Salú, Charlie! 🍺






No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.



Charles Bukowski.





Con M. Rourke durante la filmación de “Barfly”

Betina Edelberg

#LosOcultosDePerroGris, Betina Edelberg.






Betina Edelberg (1921-2010) profesora de Literatura Francesa en la Universidad de La Plata; en la Universidad de Buenos Aires fue secretaria del Instituto de Historia de la Cultura Española Medieval y Moderna, también de “Los Cuadernos de Historia de España” y más tarde, secretaria del Instituto de Literatura Francesa.






Amiga de Jorge Luis Borges, Betina Edelberg compartió con él momentos mágicos, inteligentes conversaciones y tuvo el privilegio de haber escrito en colaboración el ensayo ‘Leopoldo Lugones’ (1955). También compusieron juntos un original ballet, una parodia hablada de las dictaduras (basada en el caudillismo peronista que Borges aborrecía), obra a la que dieron por título ‘La imagen perdida’ (1953) y que aún permanece inédita debido a la actualidad en Argentina del mal que denuncia.






SÁBADO A LA NOCHE



Porque sobreviven felizmente los lugares comunes

y no hacemos otra cosa que repetirnos

y la frase majestuosa nada inaugura

se vive entre cuatro paredes

se busca el sol el aire

y nos movemos entre cosas feriados

hablamos referimos

la familia nos contiene como un vaso

algún amigo nos traiciona

algún amigo hasta la muerte

milagro y maravilla del cuerpo

creer todavía en el alma.

Estamos entre los que no mandan

en un importante país olvidado y desconocido

pensando ya para nunca

en una ciudad dormida y destruida y excavada y reconstruida

somos su respiración.

Porque todo esto es cierto

como el sol o la luna o el amor

creer en el sábado a la noche

sin despertador

sin lunes todavía

y en casa o en la calle

y con y solamente conmigo y nuestra memoria y nuestro recuerdo

y nuestra imaginación y nuestro olvido

y con las historias que inventamos

porque entonces no existe la muerte que sorprende.



Fuentes:



http://www.betina-edelberg.net/

http://friendsofborges.is