• Banner Principal1
  • Banner Principal2
  • Banner Principal3
  • Banner Principal4

Secciones

  • Recomendaciones de Películas
  • Los Ocultos de Perro Gris
  • Mecachendie
  • La Manada
  • Recomendaciones Literarias
  • Loquenodije
  • Frases, Textos y Poesías
  • E-books
  • Diarios de Poesía
  • Del Barrio a la Luna
  • Ladridos Musicales

Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

Charlie Parker

“Una semana aproximadamente antes de la noche del debut, Bird convocó ensayos en un estudio llamado Nola. Nunca anteriormente había hecho algo similar. El primer día de ensayo se presentaron todos excepto el propio Bird. Esperamos por lo menos un par de horas, y al fina el que dirigió el ensayo fui yo.

Llegó la noche de la primera actuación, y el Three Deuces estaba atestado. A Bird no le habíamos visto el pelo en una semana (…). Y de pronto entró aquel negrito sonriente y eufórico, preguntando si todos estábamos a punto para tocar, con aquel falso acento británico que tanto le gustaba utilizar. Cuando fue el momento de atacar el primer número preguntó ‘¿qué tocamos?’ Yo se lo dije. Él asintió, contó los compases y tocó cada jodida tonada en el tono exacto en el que habíamos ensayado. Tocó como un hijo de puta. No falló un compás, una nota. No tocó fuera de tono en toda la noche. Algo grande. Cada vez que volvía y veía que le mirábamos atónitos, simplemente se reía como diciendo: ‘¿acaso dudabas?’

Terminada la actuación Bird vino a decirnos: ‘esta noche han tocado bastante bien, chicos, excepto un par de veces en las que han perdido el ritmo y fallado algunas notas’. No pudimos hacer otra cosa que mirar al muy hijo de puta y echarnos a reír. Este es el tipo de sorpresas que Bird prodigaba en el estrado. Con el tiempo llegabas a esperarlas, y entonces la sorpresa era que no hiciera algo increíble”. Miles Davis




Jonatan Bandzerewicz

Con Jonatan, guardamos el paraguas…






“Recuerdo de un día lluvioso”



El afuera del día de hoy está pintado en el cristal de la ventana.

Las gotas de lluvia son suaves e inquietas pinceladas contra la pintura aun fresca del lienzo.

La imagen baila con cada líquida partícula que estalla contra el vidrio y apronta su paso hacia la tierra dejando ríos verticales…estelas iluminadas que no se sabe si estuvieron o están.

También minúsculas obras movedizas en pequeñas gotas de agua pueden observarse…casi imperceptibles…

El bajo y constante repiqueteo de tamborileros invisibles…

Y anunciando la tormenta que va llegando oigo,lejana, la nota furiosa de un trombón enredado con un bombo,platillos y un contrabajo…

“Al sur de la frontera, al oeste del sol” Haruki Murakami (1998)

Haruki, amigo de la casa






“Durante toda mi infancia odié la expresión ‘hijo único’. Cada vez que la oía, era consciente de que me faltaba algo. Estas palabras parecían un dedo acusador que me apuntaba, señalándome: ‘tú eres un ser imperfecto’.

Que los hijos únicos fueran niños consentidos por sus padres, enfermizos y egoístas era una convicción profundamente arraigada en el mundo en que crecí. Se consideraba un hecho indiscutible de la misma especie que el de que, cuando se sube a una montaña, baja la presión atmosférica, o que las vacas dan leche. Yo detestaba con toda mi alma que me preguntaran cuántos hermanos tenía. Porque, al oír que ninguno, los demás pensarían en un acto reflejo: ‘Hijo único. Seguro que es un niño consentido, enfermizo y egoísta’. Esta reacción estereotipada de la gente me irritaba, y no poco, y también me hería. Pero lo que en realidad me irritó e hirió durante toda mi niñez fue que todas esas ideas fuesen absolutamente ciertas”.

“Viendo cómo crecían las niñas, me daba cuenta de que también el tiempo pasaba para mí. Ellas crecían, día a día, solas, fueran cuales fuesen mis designios. Yo las quería, por supuesto. Y verlas crecer representaba una de mis mayores dichas. Pero, al ver que se hacían mayores, a veces sentía una terrible opresión. Era como si, dentro de mí, fuera creciendo un árbol a toda prisa, un árbol que echaba raíces y extendía las ramas. Y conforme iba desplegándose, me oprimía las entrañas, los huesos y la piel. A veces, esta idea me angustiaba hasta el punto de quitarme el sueño”.

Facundo Rojas Gacitúa

¡Gracias por sumarte, Facundo!






“Extraño sentir” de Facundo Rojas Gacitúa



Me encontraba de cabeza, sujeto a mi silla eléctrica, a punto de encender el interruptor. No lo hice, no lo encendí, recordé que antes debía develar una incógnita que desde hace algún tiempo me invadía.

Desaté las ataduras y me dejé caer, pues la silla estaba atada al techo. La caída no fue grave porque el piso era de gelatina sin sabor.

Mi misión consistía en entender lo que me estaba pasando, qué y cómo era ese extraño sentimiento.

Me recosté en la cama, para pensar mejor. Tardé aproximadamente unos ochocientos ochenta y nueve millones de años, es que me distraía imaginando el posible escenario de mi propia muerte causada por una combustión espontánea.

Encendí la lámpara que flotaba sobre mi cabeza e inmediatamente tuve una idea ¡Cómo no se me ocurrió antes!

Si las emociones se manifestaran en el mundo físico se podrían ver, así serían mucho más fáciles de entender.

Sin levantarme, estiré el brazo y tomé un lápiz, tracé una línea desde mi pecho hasta la mesita de luz. Ahora tenía un puente.

La primera se apresuró en salir, se trataba de una esfera amarilla, no muy grande pero de un peso considerable. Esta era, sin dudas, mi tristeza. La miré cariñosamente y la dejé apoyada en un estante al lado de un par de libros que nunca leí. Poco a poco desfilaron mis emociones más profundas, hasta que al fin le tocó el turno de salir a esa que era especial, esa que no entendía.

Una pelotita roja del tamaño de una bolilla salió con timidez de mi pecho. Para mi sorpresa, comenzó a crecer. En un par de segundos pasó a tener el tamaño de una pelota de tenis, al de una de fútbol, y así hasta obligarme a abandonar mi habitación.

Crecía tan desmesuradamente que dejó de ser una esfera y se transformó en una masa rojiza-intensa.

La puerta cedió, la masa no entendía límites, copó mi casa en apenas un par de minutos.

Me fui desplazando, esto era incontenible. No tuve más remedio que observar todo desde la vereda de enfrente. El techo de mi casa voló, las puertas y ventanas no aguantaron demasiado.

Reaccioné sin pensar y trepé a un árbol, las calles se llenaron con la masa. La ciudad se inundaba y simplemente ya no sabía dónde empezaba ni dónde terminaba esta extraña emoción.

Basándome en la naturaleza de la masa, llegará un punto en el que el mundo le quede chico, entonces saltará al espacio y colmará poco a poco los planetas que se interpongan en su camino. Crecerá y crecerá, vaya uno a saber hasta dónde.

Me quedé en silencio por veintidós años.

Entendí todo.

Entendí que la amaba.

Fotografía: red rubber ball, de There-is-no-box (usario de DeviantArt)

Jorge Luis Borges

¡Feliz día al gran lector que nos enseñó a leer!






“Yo soy un hombre más o menos enlutado que viaja en tramway y que elige calles desmanteladas para pasear, pero me parece bien que haya coches y automóviles y una calle Florida con vidrieras resplandecientes. Me parece bien asimismo que haya metáforas, para festejar los momentos de alguna intensidad de pasión. Cuando la vida nos asombra con inmerecidas penas o con inmerecidas venturas, metaforizamos casi instintivamente. Queremos no ser menos que el mundo, queremos ser tan desmesurados como él”. “Otra vez la metáfora” de Jorge Luis Borges (del libro “El idioma de los argentinos”, 1928).



Yapa:



En casa, como en todas las casas, hay una bolsa llena de otras bolsas. Con cariño le decimos la bolsa Jorgeluí.

Cada vez que meto la mano en Jorgeluí buscando infinitas bolsas toco otra mano que, buscando infinitas bolsas, toca mi mano.




Marianela Sánchez

Y como te iba diciendo, le dije: — ¡Ahí va! Mirá cómo nos encontramos en la costura de algún bolsillo (eso ya te lo había contado), mirá cómo nos escurrimos entre los verbos y las manzanas (que no se muerden por pocas cosas), mirá cómo bailamos por los bordes transparentes de los sueños, mirá cómo nos reímos de los peces verdes de tu cara y mi cara verde de este sin fin de mirases, del futuro cuentacuentos…Miranos.



Y me dijo: — Quizás los bordes transparentes de los sueños habitan en los silencios o en las carcajadas de los enanos de jardín.



¿A vos te parece?






(Fotografía: ahermin, usuario de DeviantArt)

Francisco de Quevedo

“¡Ah de la vida!” Francisco de Quevedo






(Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió)



«¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.



¡Que sin poder saber cómo ni adónde

la Salud y la Edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.



Ayer se fue; Mañana no ha llegado;

Hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.



En el Hoy y Mañana y Ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.