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Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

Ixchel. 14 años. EES 04.

Este poema surge de una de las tantas consignas del diario de poesía trabajadas en clase: los símbolos. Después de leer a Borges y recordar a los antiguos griegos, llegamos a la conclusión de que el río representa a la vida (siempre cambiante, nadie se baña dos veces en el mismo río, diría Heráclito) y el mar, a la muerte.  

El tiempo de los asesinos.

“El soñador debe sentirse contento de soñar, confiado en que la imaginación crea sustancia. Tal es la función del poeta, la más elevada pues lo conduce a lo desconocido, a los límites de la creación. Los maestros están más allá del hechizo creativo, actúan en la pura y prístina luz del ser. Han cumplido su transformación; se han incorporado al corazón de la creación, realizados plenamente como hombres, resplandeciendo con el fulgor de la esencia divina. Se han transfigurado hasta el punto donde solo les queda irradiar su divinidad”. Henry Miller, en “El tiempo de los asesinos” (1965).

La chica que saltaba a través del tiempo.

#PerroGrisRecomienda, hoy: la película Toki wo kakeru shôjo (2006) o “La chica que saltaba a través del tiempo”.

Un tópico de la ciencia ficción que siempre me atrajo: el viaje en el tiempo. En este caso está encarado desde la cotidianeidad de una chica de dieciséis años. Makoto descubre, por accidente, que puede retroceder en el tiempo y lo hace, a destajo, para darse placeres superfluos (entre nosotros, los más mejores: yo lo usaría para ponerme al día con libros, películas y series. ¡Otra que matar a Hitler!).

¿Volverías a vivir un momento de tu vida en el que tomaste una mala decisión para poder cambiarlo? Los efectos mariposas del primer amor <3 o como Makoto lee por ahí: “El tiempo no espera a nadie”.

Link para verla on line: http://www.pelispedia.tv/pelicula/the-girl-who-leapt-through-time/

El oculto: Joaquín Gómez Bas.

#LosOcultosDePerroGris, hoy: Joaquín Gómez Bas. Así lo recuerda el groso de Luis Alposta en su recomendable blog http://mosaicosportenos.blogspot.com.ar/ : “Alguna vez le oí decir que nadie pasa en balde por la vida. Que no hay finado absoluto. Que todo ñorse deja lo suyo”.

EL HORNO Por Joaquín Gómez Bas.

Era un invierno criminalmente frío. La idea se le ocurrió al abrir la tapa del horno y sentirse envuelto en una ola de aire caliente, achicharrante. Sería un verdadero negocio envasarlo y venderlo. Lo puso en práctica en seguida. Salió a la calle con un carrito de mano y casa por casa fue adquiriendo a precios de pichincha centenares de botellas vacías. Ya en su casa, encendió el gas del horno y aguardó a que se elevara la temperatura interior. Cuando consideró logrado el punto conveniente, abrió, metió la cabeza dentro, aspiró el aire abrasante y lo sopló en la primera botella, que tapó ajustadamente con un corcho. Repitió el procedimiento con unas cuantas y salió a venderlas. Hizo un negocio redondo. Las vendía en cajones de doce botellas cada uno y no daba abasto. Lo único en contra era que de tanto meter la cabeza en el horno había perdido, en reiteradas chamusquinas, el pelo de la cabeza, de las orejas y del bigote. Sin embargo, no desistía. Ganaba mucho dinero. No era cuestión de abandonar semejante ganga por pelos de más o de menos. Un día sintió cierta picazón en una oreja y al intentar rascársela se le desprendió convertida en ceniza. Lo mismo le pasó con la otra a la semana siguiente, y más tarde con la nariz, el cuero cabelludo, la piel de la cara y los párpados. Inexplicablemente, conservó hasta el final los labios. Cuando éstos también se le cayeron le resultó imposible soplar el aire caliente dentro de las botellas. Y se le acabó el negocio.

Fuente: Revista Testigo (dir. SIGFRIDO RADAELLI), N 5. Buenos Aires, enero-marzo, 1970 (pág. 82)