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Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

Aldo Luis Novelli: Todas las noches

Espero que los ruidos interiores

se acallen;

que la casa se duerma

y la calle se silencie.

Espero que los ángeles detengan su vuelo

que los dioses se distraigan

y los hombres se desnuden.

Cuando todo está dispuesto

tan sólo me apoyo en la pared,

y sufro en la espera

lo terrible del silencio.

cookiemonstah, usuario de DeviantArt.

Más sobre el poeta en esta página. 🙂

Miguel Ángel Morata.

Miguel nos comparte sus sentimientos.

¡Sigan sus escritos en su blog! 🙂

aimeelikestotakepics, usuario de DeviantArt.

Ya no sé cómo extrañarte,

Escribo tu nombre como si eso significara algo…

Lo escribo en el atardecer, con colores.

Color rojo, amarillo, naranja

Y los cubro con un poquito de nubes…

A veces los colores lo borran

Y vuelvo a escribirlo…

Finalmente desaparece bajo el horizonte.

Esperé (sin esperar)

Toda mi vida para encontrarte

Y ya no sé cómo extrañarte…

Tomás Taborda.

Compartimos el romántico delirio de Tomás.

NovaMcKnight, usuario de DeviantArt.

Salí de clases cuando advertí que era seguido por mi hermana y su amiga; al verla, sentí ese aire de película antigua de amor. Amor y dolor, esos sentimientos antónimos y a la vez iguales. Hablábamos los tres, pero más su amiga y yo. Mi hermana, al rato, se retiró sin que yo lo notase. Seguí hablando con esta chica que era bella, delgada, de cabello largo oscuro, un poco ondulado. Vestía ropa oscura y se veía muy bien, sobre todo me atraía por su simpatía, forma de ser y manera de expresarse. Continuamos la charla hasta que decidimos irnos a caminar, recuerdo que hablamos de mi mochila ¡Claro! Por ello me habían seguido junto a mi hermana: el bolso se había roto. La joven se reía ya que decía que era un objeto de mujer (lo que era verdad) y estaba un poco gastado.

            Nos fuimos por ahí, charlando de nuestras cosas. Era interesante y extrovertida. Me gustaba por completo: no sólo su físico sino su espíritu. Durante la caminata, entre sacar y colocar cosas en la mochila, se me olvidó un objeto en una ventana. Cuando lo advertimos ya había gente en ese lugar sin embargo, ella tomó lo que nos habíamos olvidado e hizo mucho ruido. Había patrulleros dando vueltas y sentimos miedo aunque no estábamos haciendo nada malo. Ella tomó mi mochila y puso el objeto dentro. Eso me sorprendió y a la vez me avergonzó pero no sé si fue por lo acontecido en sí o porque descubrí algo que no sabía que me gustaba hasta ese momento.

            Continuamos caminando, conversando de los chinos y sus supermercados. Se decía que mataban personas para vender o algo similar y ella afirmaba haber visto una noticia en la que ellos decían tal cosa pero de manera disimulada ante el público; a su vez, debatíamos sobre las conspiraciones de los autoservicios.

Íbamos en ascensión en lo que parecía ser una rampa de tamaño considerable hasta que llegamos al final, allí saltamos (no sé por qué motivo) encima de un cartel horizontal. Estaba prohibido estar en ese lugar, según había oído. Ella se recostó a mi lado, se acercó y noté que sus labios estaban húmedos y supe en ese instante que ya habían sido acariciados por otros. Fue un presentimiento punzante, aunque suene paranoico. Mi reacción fue lenta cuando me besó…

—¿Dónde estabas, amor?

—Eso no importa— contestó ella con su voz despreocupada, su mirada de regocijo y una sonrisa tenue.

Observé su cabello oscuro y le respondí

—Me estás haciendo mal… — me estaba oprimiendo con su cuerpo, pero el mensaje abarcaba más allá del dolor externo que tenían en ese momento los huesos de mi cintura. Me dolía más el alma, ésa es la verdad—.  Me haces mal… Me haces mal… —repetí de manera casi continua mientras su cuerpo esbelto y su singular mirada se distorsionaron hasta finalmente disiparse. En ese momento desperté y el calvario del amor penetró mi ser y me hundió en la tristeza de la madrugada.

La oculta: Graciela Beatriz Cabal.

#LosOcultosDePerroGris: Graciela Beatriz Cabal: maestra, titiritera, alumna de Borges, correctora del legendario Centro Editor de América Latina, compañera de laburo del genial Boris Spivacow y una escritora… ¡una ESCRITORA!
“Secretos de familia” De Graciela Beatriz Cabal (Novela, Premio Especial Ricardo Rojas, 1989).
A mí los locos me dan mucho miedo. Pero más miedo me da ponerme loca.
“Loca como una cabra” dice mi papá de mi mamá.
A veces me parece que ya está, que ya me volví loca, y que me van a tener que encerrar en el Hospicio de las Mercedes, que queda aquí nomás, cerquita de casa.
Seguro que mi papá y mi mamá no van a dejar que me lleven a la rastra y me tiren en un sótano lleno de pis y ratones.
Pero a mi papá y a mi mamá nadie les va a llevar el apunte porque ellos también están locos.
Entonces me da tanto miedo que parece que me voy a morir.
Y le quiero decir a mi mamá y no sé cómo le tengo que decir.
O le digo y no me entiende.
“Estoy rara, mamá”, digo yo.
“¿Y eso qué es?”, dice mi mamá.
“No sé, tengo miedo”, digo yo, “y no entiendo”.
“¿Qué cosa no entendés?”, dice mi mamá.
“No sé, nada. La mano mía, la canilla, el zapato”, digo yo.
“Pensá en cosas lindas”, dice mi mamá. “Y pará un poco de leer”.