• Banner Principal1
  • Banner Principal2
  • Banner Principal3
  • Banner Principal4

Secciones

  • Recomendaciones de Películas
  • Los Ocultos de Perro Gris
  • Mecachendie
  • La Manada
  • Recomendaciones Literarias
  • Loquenodije
  • Frases, Textos y Poesías
  • E-books
  • Diarios de Poesía
  • Del Barrio a la Luna
  • Ladridos Musicales

Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

Jaime Roos

“Siempre fui un anarquista de manual. Libertario en contra de todo tipo de autoridad, pero al mismo tiempo solidario con el desposeído. Descubrí tempranamente que era incompatible la anarquía con el mundo real”. Jaime Roos



Jaime había estado tocando en el subte de París ocho horas, juntando moneda por moneda para llegar a los 48 francos que costaba la entrada para ver a Frank Zappa. Puso el show por delante de la cena. “¡Pero no sabés qué concierto! ¡Me voló la cabeza! -recuerda y ríe-. Aprendí mucho esa noche. Hasta hoy aplico enseñanzas que vi en esos escenarios.”. (Fuente)






“Brindis por Pierrot”



No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar

Dónde está la Gran Muñeca

Que no trilla el bulevar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Ahí estás Mario Benítez

Con tu Línea Maginot.

Qué será de los porteños

Ocupando el Liberaij

Qué dirá La Nueva Ola

Empapada de champán…

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por La Unión

Ahí estás Martíncorena

Escuchando esta canción…



Me voy

Como se han ido tantos

Que el recuerdo disfrazao de santos

Y su historia se ha vuelto ilusión

Descubro

Un dejo de amargura

Que ni la mejor partitura

Le pudo marcar a mi voz



Se van

Como se han ido tantos

Carnaval les regaló su manto

Su estampa se vuelve canción

Se han ido

Soplando candilejas

Esta noche no tengo ni quejas

Sin embargo el que llora soy yo.



No se acuerdan de la Bruta

Con Pianito en su lugar

No me olvido más del Ñato

Imitando a Dogomar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Quedan pocos Sabaleros

Aguantando el mostrador



Te estoy viendo a vos, Benítez

En las páginas del Ring

Ni que hablar de un Picho López

Recostado en el casin

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Zelmar

No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar



Me voy

Me voy me vivo yendo

Cuesta abajo me hizo vista el tiempo

En las copas me dieron changüí

Me llevo

Como un capricho burdo

La esperanza escondida en el zurdo,

Que el Diablo se apiade de mí



Se van

Se van se siguen yendo

Cuesta abajo los sacude el viento

Como hojas de un sueño otoñal

Levanto

Mi vaso por las dudas

A veces la suerte me ayuda

Nadie golpea al zaguán



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no tengo ni tumba

Sin embargo el que canta soy yo



Miren al Pierrot callejero,

De la noche fiel compañero.

En su mejilla un lagrimón

Brilla

Le ha tocado pasarse la vida

a solas con su corazón.



(Recitado) “Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar.

Por si fuera poco, de golero; toda una vida tapando agujeros.

Y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran penal”



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no luce su ropa

Sin embargo le llaman Pierrot



Miren al Pierrot callejero…



(Recitado final improvisado por el “Canario” Luna)

“¿Sentiste a los muchachos, Viruta? Dicen que estoy solo, qué saben ellos…

No saben que siempre a mi lado va a estar el niño Calatrava,

Raviol, que se nos fue hace poco.

A solas sí… a solas pero gozando y viviendo la vida…

porque yo nunca voy a estar solo”

Manuel Rodríguez

Manuel y un relato descorazonador… 💔😥

“Amor no correspondido” de Manuel Rodríguez (quince años)



Elizabeth era una alumna de secundaria y le encantaba ir a clase por su nuevo profesor de francés. Era alto, atractivo y con una gran personalidad, nunca se enojaba ni gritaba a sus alumnos y sabía mantener la calma.
Elizabeth sentía que el corazón se le aceleraba cada vez que elogiaba su letra, aquel profesor se fijaba incluso en que había cambiado de anteojos y le dijo que los nuevos le quedaban fantásticos. Sólo pensar en él le ponía contenta.
Elizabeth sacaba unas notas normales y sí, acaso, algunas un poco malas. No era especialmente guapa, y tampoco se le daban muy bien los estudios ni los deportes. Además, había ganado algo de peso en los últimos años y hasta su madre le decía que no le vendría mal perder algún kilo.
No era popular entre los alumnos ni tampoco entre los profesores, era simplemente una alumna tranquila que estaba ahí. Así era como la gente la definía, la propia Elizabeth sabía que no era nada especial y trató de mantener su amor en secreto. Pero conforme el tiempo pasaba, la joven no pudo mantener callados sus sentimientos. Tampoco esperaba tener nada con él, simplemente quería hacerle saber cómo se sentía.
Elizabeth se armó de coraje y un día decidió escribirle una carta sincera. Al día siguiente, antes de que empezara la clase, la chica dejó la carta junto al cuaderno de asistencia. Entregársela en mano era demasiado para ella.
A medida de que la hora se acercaba, su corazón se aceleraba cada vez más. La campana sonó al fin y la clase dio comienzo pero el profesor que entró por la puerta no era el profesor de francés sino el profesor de educación física, a quien ella odiaba completamente.




Al parecer, el profesor de Francés iba a llegar tarde, así que este otro vigilaría la clase.
Elizabeth comenzó a notar un sudor frío. Por su mente empezaron a pasar todo tipo de pensamiento: “¿Pasaría lista? ¿y si ve mi carta? Si lo hace… ¿fingirá no haber visto nada?”.
Le esperaba una dura sorpresa.
El profesor de educación física abrió el cuaderno de asistencia, encontró la carta de Elizabeth y la leyó en voz alta para toda la clase. Las risas y las burlas pronto comenzaron a surgir y el profesor le dijo que incluso hasta las chicas gordas y feas se enamoraban.
Las caras de asco y desprecio asustaron a Elizabeth, todos y cada uno de ellos eran sus enemigos. La joven se sentía como si estuviera rodeada de demonios en el infierno. Justo en ese momento llegó el profesor de francés, a Elizabeth le pareció que su salvador por fin entraba por la puerta. El profesor de educación física, entusiasmado, le entregó la carta.
Elizabeth alzó la mirada esperando que su profesor preferido calmara a los alumnos y arreglara el embrollo. El profesor de francés terminó de leer la carta y volteó en dirección a Elizabeth.
En su rostro había una mezcla de asco, molestia y rabia, era como si estuviera mirando a un insecto de lo más repulsivo. La vergüenza y el sentimiento de traición eran demasiado fuertes…
Elizabeth se suicidó esa misma noche pero a nadie le interesó saber el porqué.



Ilustración: Mirta Ruiz (acrílico sobre papel de acuarela).

Neil Gaiman



“(…) Se quedó dormido mientras el avión despegaba.
Se encontraba en un lugar oscuro, y la cosa que lo miraba llevaba una cabeza de búfalo peluda y pestilente, con unos ojos enormes y acuosos. Tenía cuerpo de hombre, cubierto de aceite y brillante.


—Se avecinan cambios —dijo el búfalo sin mover los labios—. Será necesario tomar ciertas decisiones.


La luz de una hoguera titilaba en las paredes húmedas de la cueva.


—¿Dónde estoy? —preguntó Sombra.
—En la tierra y debajo de la tierra —dijo el hombre búfalo—. Te encuentras en el lugar donde esperan los olvidados.

Sus ojos eran líquidas canicas negras y su voz atronaba desde el mismo inframundo. Olía como una vaca mojada.


—Cree —dijo la atronadora voz—. Para sobrevivir debes creer.
—¿Creer qué? —preguntó Sombra—. ¿Qué es lo que debo creer?


El hombre búfalo tenía la vista clavada en Sombra y se irguió hasta hacerse inmenso, con los ojos en llamas. Abrió su babeante boca de búfalo, roja por dentro a causa del fuego que ardía en su interior, bajo la tierra.


—Todo —bramó el hombre búfalo”.

Tu musa

Una musa enamorada…








Lo que Tú significas para mí:

Para mí tú eres ese rayo de sol que entra por mi ventana

A iluminar mis días y todo se vuelve algarabía…

Para mí tú eres ese sorbo de café que necesito para

Llenarme de energía y empezar bien mi día…

Para mí tú eres ese viento fresco que llega

A oxigenarme y me ayuda a despejarme…

Para mí tú eres esa tempestad que me agita y

Me hace sentir que estoy viva…

Para mí tú eres esa llama que entibia mi alma

Pero que también es capaz de encender mi calma …

Para mí eres esa mariposa que me hace vibrar infinitamente

Con su dulzura y me acaricia con su ternura…

Para mí eres el amor que ha tocado cada fibra de mi ser,

Colmado mi espacio, inundado mi mente y robado el corazón

Hasta casi hacerme perder la razón…

Juan Rulfo

💟 Cien años de Juan Rulfo 💟








“Ya estaba alta la noche. La lámpara que ardía en un rincón comenzó a languidecer; luego parpadeó y terminó apagándose.

Sentí que la mujer se levantaba y pensé que iría por una nueva luz. Oí sus pasos cada vez más lejanos. Me quedé esperando.

Pasado un rato y al ver que no volvía, me levanté yo también. Fui caminando a pasos cortos, tentaleando en la oscuridad, hasta que llegué a mi cuarto. Allí me senté en el suelo a esperar el sueño.

Dormí a pausas.

En una de esas pausas fue cuando oí el grito. Era un grito arrastrado como el alarido de algún borracho: ‘¡Ay vida, no me mereces!’

Me enderecé de prisa porque casi lo oí junto a mis orejas; pudo haber sido en la calle; pero yo lo oí aquí, untado a las paredes de mi cuarto. Al despertar, todo estaba en silencio; sólo el caer de la polilla y el rumor del silencio.

No, no era posible calcular la hondura del silencio que produjo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire. Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia. Y cuando terminó la pausa y volví a tranquilizarme, retornó el grito y se siguió oyendo por un largo rato: ‘¡Déjenme aunque sea el derecho de pataleo que tienen los ahorcados!’”




Thank you very much, Kazuaki Nagano, for the picture!!! 💟

Homero Expósito

“Mi hermano Homero era un tipo muy inquieto. Al cumplir quince años mi papá le hace un enorme regalo, un día en Buenos Aires y doscientos pesos. Era el valor de un sueldo. Entonces viene a Buenos Aires por primera vez solo, se baja en Retiro, comienza a caminar y llega a la calle Maipú, ahí encuentra a la casa Breyer, que es una de las primeras casas de música que hubo. Con solo quince años le dice al vendedor – de tangos ya tengo todo, yo busco otros nombres, otra idea-, y el tipo le recomienda – vaya a casa Neumann y va a encontrar lo que esta buscando, usted debería meterse en asuntos de jazz-

Homero entra y ve que ellos tenían editada toda la música que te puedas imaginar, saca los doscientos pesos y se compra toda la música que había. Ahí para nosotros cambió todo. Fue un despelote, yo tenía nueve años, mi hermano me decía escucha esta gente a donde ha llegado, al lado de todo esto, que también es música popular, lo nuestro es muy incipiente”.Virgilio Expósito




“Resulta que yo conservaba un poema que Homero me dio para musicalizar. Un día se lo mostré a Virgilio y le dije que era inédito de su hermano, que lo tomara para musicalizarlo él. No podía esperarse otra cosa de Virgilio. Me propuso que le pusiéramos la música entre los dos y que lo grabáramos cantando juntos. Así nació Batilana” Litto Nebbia




Fuente








“Batilana”

Batilana era un pardo del Abasto

que estilaba delirios de guapeza.

Una yunta de bueyes en el lomo

y una insidia de chusma en la cabeza.



Era amigo de todos los chimentos

y lucía alpargatas en chancleta;

el silencio de plomo le pesaba

como pesan los cargos de conciencia.



Batilana era duro de cogote

pero blanda la voz como la arena.

Chamuyaba un misterio sibilante

como el simple sisear de la culebra.



Batilana era un cacho de banana

que jugaba al codillo de las mentas,

es prudente el que calla lo que escucha

y un otario el que agranda lo que cuenta.



Caminaba más lento que el sigilo

pero andaba ligero con la lengua;

deschavando, por gil, cosas de cosos

que no usaban pendientes las pendencias.



Le pegaron un tiro en la palabra,

le dejaron la nuca boquiabierta.

Le apagaron la luz al peluquero

y quedó reventao en la vereda…

en la vereda…

en la vedera, che…

en la vereda.




“Homero, un anormal con matrícula” Polaco Goyeneche 💟








“Trenzas” de Homero Expósito




Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia.

Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor,

yugo casi de blando de tu risa de tu voz…

Fina

caridad de mi rutina,

me encontré tu corazón

en una esquina…

Trenzas de color de mate amargo

que endulzaron mi letargo gris.

¿Adónde fue tu amor de flor silvestre?

¿Adónde, adónde fue después de amarte?

Tal vez mi corazón tenía que perderte

y así mi soledad se agranda por buscarte.

¡Y estoy llorando así

cansado de llorar,

trenzado a tu vivir

con trenzas de ansiedad… sin ti!

¡Por qué tendré que amar

y al fin partir!

Pena,

vieja angustia de mi pena,

frase trunca de tu voz

que me encadena…

Pena que me llena de palabras sin rencor,

llama que te llama con la llama del amor.

Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia,

trenzas,

nudo atroz de cuero crudo

que me ataron a tu mudo adiós…

Lucía Sánchez

“La solapa” 😍, historia de Lucía Sánchez, ✳️✳️¡¡trece años!! ✳️✳️ ¡Súper ilustraciones de Nico Lass!💟 ¡Mil gracias! 😊



Capítulo 1



Me desperté exaltada, con el sonido de la alarma “de repuesto”. Estaba llegando tarde, ya eran las 07:15 am, y ni siquiera estaba vestida.
Corrí y abrí el placard, agarrando lo primero que tenía a mano. Me vestí, mientras corría al baño. me cepillé los dientes, mientras me peinaba.
Ni siquiera sabía que día era, ni que materias tenía, así que metí todos los libros en la mochila, agarré las llaves y salí corriendo hacia la escuela.
Cuando llegué, me llamó la atención un pequeño grupo de chicos que estaban en la entrada, tapando el paso. Me acerqué, y logré escuchar a uno de ellos que decía:


—¡Tienen que creerme! ¡Vi una sombra pasar justo por ahí! Era como una persona, pero no tenía cara… parecía mirarme, y luego despareció… ¡es verdad!


El resto del grupo no parecía creerle, aunque no parecía mentir, ni estar loco… parecía bastante increíble, pero quién dice, tal vez fuera real.
Llegué a mi casa, exhausta después de un día de puros temas nuevos.
Me senté a la mesa y comencé a comer, mientras revisaba las noticias de San Pedro en distintos diarios virtuales.
No había muchas noticias, casi todas pasaban desapercibidas pero una, llamaba la atención.
Se trataba de lo ocurrido en la puerta de la escuela esa mañana. No pensé que era para tanto… aunque creo que lo exageraron un poco.


“Solapa intenta atacar a decenas de alumnos de la escuela Normal”
“se oscurece la ciudad por un ataque de la solapa”
“Nuestra pesadilla, ahora es real”








Capítulo 2


Ya pasó casi una semana desde la noticia de la solapa, y no sé si fue por mi gran miedo o por casualidad, pero he visto más de una vez una silueta oscura escondida en la sombra.
Hoy me animé y me acerqué a ella, con miedo y con la idea de que algo malo iba a ocurrirme.
Para mi sorpresa, cuando llegué a donde se encontraba, me saludó muy amablemente.
Luego de unos segundos de silencio, ella dijo:


— ¿Sabés quién soy?
—Sí, o eso creo, he oído hablar de vos, me contaron que sos mala y que asustás a todos los niños…
—¡Te contaron mal! Siempre dicen eso de mí… la verdad es que intento hablar, y hacerme amiga de los chicos, pero todos salían corriendo. O llorando.
—¿De verdad?


Me quedé hablando toda la mañana, e incluso perdí todas las clases… la solapa es más real e interesante de lo que pensé.
No podía quedarme callada, y les conté a todos lo sucedido.
Al otro día, me pareció raro que mi nueva “amiga” no estuviera ahí, mirándome en la oscuridad.
Cuando llegué a mi casa y prendí la televisión, comprendí. Todos y cada uno de los canales mostraban la imagen de la solapa en una especie de caja de cristal transparente, como las de los museos.
Los titulares decían:

“Vecinos de San Pedro capturan a la solapa”
“Terror por aparición de una pesadilla infantil”
“Niños fuera de peligro, la solapa está capturada”



Según los noticieros, se encontraba en la comisaría local, pero no parecía ser una comisaría.




(Ilustración de la autora).


Capítulo 3


Tengo que encontrarla… ¿dónde estará exactamente? ¿Será buena idea buscarla? ¿Por qué confío tanto en ella? Esas preguntas me invaden… no sé, tengo hambre, mejor voy a comer algo.
Me senté a la mesa y comencé a devorar un alfajor mientras leía un libro, el cual trataba de un ángel que había aparecido en el parque Lezama.
En un momento, las páginas comenzaron a moverse, como si un viento muy fuerte las soplara. El libro saltó de mis manos y se cerró como un niño caprichoso cierra una puerta.
Sorprendida, me quedé por unos segundos mirando el libro tirado en la mitad de la cocina. Luego, se empezaron a mover sus páginas, muy lentamente, hasta que una mano salió justo por la mitad de una página. Seguido de la mano, salió un brazo y luego una cara… por su aspecto, parecía ser la abuela, personaje muy importante de la novela que estaba leyendo hacía unos segundos.
Luego, se asomó otra mano, otro brazo y nuevamente, otra cara, pero esta, parecía ser Camila, nieta de la abuela.
Me limité a mirarlas fijamente, con asombro. Ellas también parecían asombradas.


—Parece que se creó un portal…— dijo la abuela mirando un puntito negro en el libro.
—¿¡Cómo!?— dije yo, sin entender mucho de lo que estaba pasando.
—Eso, es un portal a nuestra dimensión… acercate, vas a ver nuestro mundo.


Me acerqué, sin hacer muchas preguntas, y sí, vi el parque Lezama, con los chicos jugando y el ángel revoloteando entre los árboles. Rápidamente, retrocedí. Todo era verdad.


—¿A que vinieron?— pregunté, asustada.
—No sé, estábamos leyendo tu libro… o eso creo, y aparecimos acá…— dijo Camila, con un tono de desconfianza. —¿Y ahora qué hacemos?—pregunté.
—Vos tenías que ayudar a “la solapa”… ¿verdad?— dijo Camila, entusiasmadísima.
—¿Y eso en qué las incluye?—dije yo
— Te podríamos ayudar, armar un plan, y salvar a tu amiga— dijo la abuela.
—Mmm… no es mala idea…— dije, no del todo convencida.
—Escuchame— dijo Cami con tono mandón—podríamos localizar a “la solapa”, con un poco de lógica, y pensando un poco… dicen que está en la comisaría… ¿y si empezamos por ahí?


La abuela y yo asentimos con la cabeza, y salimos de mi casa directo a la comisaría.
Cuando llegamos, nos atendió una mujer, con el cabello muy largo y colorado, y unos ojos verdes que invitaban a mirarla. Parecía simpática.


—Hola, buen día, soy Natalia, mucho gusto, ¿qué desean?—preguntó, hablando bastante rápido.
—Hola, buscamos a “la solapa”… ¿se encuentra aquí? – dije, queriendo parecer lo más simpática posible.


La cara de la mujer se transformó, ahora parecía más bien nerviosa.
Se acercó más a mi oído, y susurró:


—Puedo ayudarlas, pero nadie, absolutamente nadie, puede saberlo (esta vez pronunció las palabras más lento).

Seguido de esto, se paró y comenzó a caminar.


—Síganme, es por acá— dijo más tranquila.


Tocó un botón, y una puerta se abrió. Como era muy estrecha, hicimos una fila india, Natalia primero; atrás de ella, yo; detrás Camila y al final, la abuela—que era la más entusiasmada de todas—.
Caminamos por unos cinco minutos, hasta llegar a un gran salón y, en el medio, había una gran caja de cristal, iluminada por una brillante luz blanca. Y dentro de la caja, mi amiga, “la solapa”.
Natalia sacó de su bolsillo un manojo de llaves plateadas. De entre el manojo, escogió una de color dorado brillante y la colocó en la cerradura del candado que cerraba la gran caja de cristal. Giró la llave, y la puerta se abrió.
La solapa salió, con desconfianza. Me abrazó y me dijo suave al oído:


—¡Corran! Es una trampa.


No alcanzó a terminar la frase que unos hombres, los cuales no sé de dónde salieron, me tomaron por los brazos a mí, a la abuela y a Camila. Nos empujaron bruscamente a la caja de cristal en la cuál se encontraba la solapa.


—¿Qué hacemos con ella?— preguntó uno de los hombres, refiriéndose a la solapa.


Todo quedó en silencio por unos segundos. La solapa parecía relajada. De un momento a otro, la solapa se esfumó, dejando una nube de polvo en su lugar.
Los hombres se miraron entre sí, extrañados, y luego dirigieron la mirada a nosotras.


—Nosotras no fuimos—dijo Cami, anticipándose.


Luego la solapa apareció, justo delante de los hombres, los cuáles intentaron atraparla, pero no lo lograron. Ese juego duró un buen rato y los hombres estaban cada vez más hartos.
Hasta que la solapa apareció dentro de la caja y, de un soplido, la rompió.
Inmediatamente, la solapa gritó, con todas sus fuerzas, aturdiendo sólo a los hombres, los cuales ahora, estaban rendidos.
La solapa tomó fuerte mi mano, me miró, haciéndome entender que teníamos que correr.
Corrimos sin parar, hasta llegar a la calle, y cuando llegamos, la solapa desapareció.
Seguimos caminando, sin preocuparnos mucho hasta mi casa. Cuando tocamos timbre, nos abrió ella, la solapa, con una gran sonrisa en su rostro.






Capítulo 4


—¡Pasen! Como si fuera su casa… —dijo la solapa, irónica.


Nos sentamos a la mesa, y se pasaron volando las horas, entre anécdotas, risas, mates y galletitas.
Hasta que alguien llamó a la puerta. Abrí, y la solapa de inmediato la cerró bruscamente, muy nerviosa, dicha acción seguida de un shhh con su dedo índice en los labios.
La miré confundida, y luego entendí, que la buscaban a ella.


—Me tengo que ir…— dijo la solapa, después de unos segundos.
—¿A dónde? — pregunté.
—A otras historias, en otros tiempos y lugares.


Como nosotras seguíamos mirándola, sin comprender, siguió.


—Dame un libro.


Tomé mi libro preferido, “En otro lugar” de Gabrielle Zevin, y se lo di. Ella lo abrió, nos tomó de las manos y saltó.
Apenas alcancé a ver que la puerta se abría bruscamente y los hombres, acompañados de varios policías, entraron.
Por suerte no consiguieron atraparnos y, sin darnos cuenta, estábamos en otra historia.