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René Magritte

« Quiero infundir nueva vida en la manera en que miramos las cosas que nos rodean. ¿Pero como debemos mirar? Como un niño: la primera vez lo ve todo como una realidad fuera de sí. Yo vivo en el mismo estado de inocencia que un niño, que cree poder alcanzar con su mano un pájaro en pleno vuelo. »








« No hay respuestas en mis pinturas, sólo preguntas. »

«La vida me obliga a hacer algo, por eso pinto. »








«Anhelo el amor que está vivo, lo que es imposible o ambiguo. Temo saber exactamente cuales son mis limitaciones. »

« Detesto mi pasado y el de otros. Detesto la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y los sentimientos obligatoriamente bonitos».








« El surrealismo es revolucionario ya que es enemigo irreductible de todos los valores ideológicos burgueses que retienen al mundo en las horribles condiciones actuales. »

Día de la soberanía

“El joven que se fue junto al río Paraná” de Sofi Jael







Fabio estaba por cumplir veinte años.
Tenía muchos planes para su vida, era un cofre de sueños. Combatir no estaba entre ellos pero quería ser un buen soldado.
Estaba enamorado de una muchacha de su misma edad, llamada Blanca.
Cuando recibió el aviso de que tenía que ir a combatir, se le aceleró el corazón. No podía ordenar y definir lo que sentía, lo que estaba viviendo era mucho.
Se despidió de su familia, amigos y, por supuesto, de su amada.
Y fue…
Había muchos que estaban en su misma posición: combatirían contra las dos potencias más grandes del mundo. Éstas los superaban en armamentos pero ellos ganaban en corazón y unidad.
Allí, en medio del desconcierto, se escuchaban cantos, plegarias, oraciones, regaños y llantos.
Fabio deseaba decirle a Blanca que era la luz de sus días y, aunque sea, darle un último beso. Beso con sabor a miedo y amor.
Vaya a saber uno si su último pensamiento fue el rostro de Blanca, o el de su familia y amigos. Vaya a saber en qué orden pasaron los rostros. O tal vez, estaba cantando una canción. O pensando qué hacer regreso a casa.
Lo que sé es que a su último pensamiento lo arrastró el agua marrón del río.



Vuelta de Obligado 2016

Moris

¡Feliz cumple, Moris!

Moris, un juglar de lujo en un mundo atestado de bufones…


“Si ser rebelde es pensar las cosas y la vida por cuenta propia, sí, soy rebelde”.





“Mucho del rock nacional ha estado influenciado por gente como José Sebrelli (todos lo hemos leído) que en ‘Vida cotidiana y alienación’ se adelanta a la trampa de la ciudad y las cosas ocultas de los barrios”.







PATO TRABAJA EN UNA CARNICERÍA (MORIS)



Todo empezó con el chiste que decía:

“Lo tuyo es mío y lo mío es mío”.

Nunca creímos que eso sería

lo que algún día nos heriría.



Eran los días, los días de oro,

y el sol brillaba sin preguntar.



Después crecimos y nos fuimos del barrio,

Pato trabaja en una carnicería;

tiempos aquellos de los rosedales,

novias en Flores, primeros cigarrillos.



Nunca al colegio, siempre la vida,

y las mañanas del sol aquel.



Hemos crecido y visto el mundo en los diarios,

el comunismo resultó complicado.

Lo tuyo es mío y lo mío es mío,

nos ha llevado a la indiferencia.



Tenés excusas, los otros tienen,

que te mantengan, para eso están.



Sos el burgués más podrido que existe,

y te engañás pensando que sos un hippie.

Vos explotás a todos y no das nada,

y eso es ser el peor capitalista.



Cuando tenés, te hacés el burro,

vivís de arriba, qué asco me das.



Vos te reís del mundo y de las personas,

pero querés que el mundo te alimente.

Otros te proporcionan lo necesario

y vos seguís creyendo que es lo corriente.



Que inútil sos, qué mantenido,

mirate un poco, bajá de ahí.



Siempre estás en artista y te hacés el genio,

cultivás tu aire ausente y despreocupado;

porque te super gusta hacerte el raro,

y tu fama te tiene muy preocupado.



Te hacés copar, cómo engañás,

sos de mentira, ya no servís.



Pato trabaja en una carnicería…



Más que trovador, Moris

J. G. Ballard

Ballard, el profeta






“(…) Su catástrofe privada le había sobrevenido con la repentina muerte de su esposa, que lo dejó al cuidado de sus tres hijos cuando apenas estaba en los comienzos de su carrera. Ballard se las arregló para sobrevivir sin pedir ayuda y logró desarrollar toda su creatividad haciendo de madre, padre y escritor a la vez. El hombre que llevaba a los chicos a la escuela con el uniforme bien planchado era el mismo que después se sentaba a escribir Crash (…)” Pablo Capanna, del prólogo a “J. G. Ballard. Para una autopsia de la vida cotidiana. Conversaciones”. (Caja Negra Editora, 2013)


“(…) si yo, como escritor de ciencia ficción, tuviera que hacer una predicción sobre el futuro, podría resumir mi temor en una sola palabra: aburrimiento. He aquí mi gran temor, que todo haya ocurrido; ninguna cosa que sea excitante, novedosa o interesante va a suceder de nuevo; el futuro será un enorme y resignado suburbio del alma, nada nuevo va a surgir, ninguna evasión tendrá lugar otra vez. Esto es lo que va a pasar y es mi gran temor. No tengo idea de qué podemos hacer al respecto, abrirnos las venas o algo así (…)”


“(…) Antes la gente solía llamar y decirme: ‘Estamos tomando unos tragos en Hampstead, ¿quieres venir?’. Y yo me daba una vuelta. Pero ahora ya no lo hago, ahora digo: ‘Lo siento, tengo que ver el último capítulo de The Rockford files, es más interesante’. Y habitualmente lo es, por supuesto. Pasado cierto tiempo, uno empieza a aplicar los principios de contabilidad analítica a la propia vida de un modo despiadado. ¿Es rentable (en términos imaginativos) recorrer todo el camino a Hampstead para asistir a una cena? ¿Realmente tengo ganas de sentarme a la mesa a tener una pequeña charla con la mujer de tal o cual escritor? No tengo ganas; solo quisiera encontrarme con gente cuya compañía siento que me puede aportar algo valioso.”


Carlos Fuentes

“Todas las familias felices” Carlos Fuentes (Alfaguara, 2006)



“(…) Me miro al espejo y me digo, José Nicasio, quítate esa mueca, sonríe, trata de ser amable. Me siento amable pero no puedo cambiar la mueca. Ha de venirme de muy lejos mi cara. Mi máscara, claro que sí señora. Entiéndanos. Nacimos con la cara que nos dio el tiempo. Tiempo duro, casi siempre. Tiempo de sufrir. Tiempo de aguantar ¿Qué cara quiere usted que pongamos? (…) Deje que me ría, señora. Voy a los museos de México y recorro las salas de las culturas indígenas –mayas, olmecas, aztecas- maravillado del arte de mis pasados. Pues allí quieren tenernos, señora, escondidos en los museos. Como estatuas de bronce en las avenidas ¿Qué pasa si el rey Cuauhtémoc se baja de su pedestal en el Paseo de la Reforma y camina entre la gente? Pues que le vuelven a quemar las patas…




Deje que me ría, señora. Apenas bajamos a la calle, volvemos a ser los indios mugrosos, los inditos sumisos, los prietos. Nos arrebatan las tierras antiguas, nos lanzan fugitivos al monte y al hambre, nos venden rifles y aguardiente para que nos peliemos entre nosotros. Usan el derecho de pernada con nuestras mujeres. Nos achacan todos los delitos. Averiguan si sus mujeres blancas nos desean en secreto y se vienen con nosotros arañándonos las espaldas para que la sangre oscura derrame sangre aún más negra. Nos gritan ¡indio! o nos gritan ¡prieto! cuando se vienen con nosotros ¿No lo sabía usted, todo esto lo ignora su merced? Su merced. No somos ‘gente de razón’. No somos ‘gente decente’. Nos matan apenas les damos la espalda. Nos aplican la ley de fuga ¿Sabe su merced, que es gente de razón, lo que es ser un indio bruto y despreciado en este país? ¿Un indio patarrajada bajado del cerro a tamborazos? (…)” (del relato “Madre dolorosa”).

Jaime Roos

“Siempre fui un anarquista de manual. Libertario en contra de todo tipo de autoridad, pero al mismo tiempo solidario con el desposeído. Descubrí tempranamente que era incompatible la anarquía con el mundo real”. Jaime Roos



Jaime había estado tocando en el subte de París ocho horas, juntando moneda por moneda para llegar a los 48 francos que costaba la entrada para ver a Frank Zappa. Puso el show por delante de la cena. “¡Pero no sabés qué concierto! ¡Me voló la cabeza! -recuerda y ríe-. Aprendí mucho esa noche. Hasta hoy aplico enseñanzas que vi en esos escenarios.”. (Fuente)






“Brindis por Pierrot”



No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar

Dónde está la Gran Muñeca

Que no trilla el bulevar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Ahí estás Mario Benítez

Con tu Línea Maginot.

Qué será de los porteños

Ocupando el Liberaij

Qué dirá La Nueva Ola

Empapada de champán…

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por La Unión

Ahí estás Martíncorena

Escuchando esta canción…



Me voy

Como se han ido tantos

Que el recuerdo disfrazao de santos

Y su historia se ha vuelto ilusión

Descubro

Un dejo de amargura

Que ni la mejor partitura

Le pudo marcar a mi voz



Se van

Como se han ido tantos

Carnaval les regaló su manto

Su estampa se vuelve canción

Se han ido

Soplando candilejas

Esta noche no tengo ni quejas

Sin embargo el que llora soy yo.



No se acuerdan de la Bruta

Con Pianito en su lugar

No me olvido más del Ñato

Imitando a Dogomar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Quedan pocos Sabaleros

Aguantando el mostrador



Te estoy viendo a vos, Benítez

En las páginas del Ring

Ni que hablar de un Picho López

Recostado en el casin

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Zelmar

No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar



Me voy

Me voy me vivo yendo

Cuesta abajo me hizo vista el tiempo

En las copas me dieron changüí

Me llevo

Como un capricho burdo

La esperanza escondida en el zurdo,

Que el Diablo se apiade de mí



Se van

Se van se siguen yendo

Cuesta abajo los sacude el viento

Como hojas de un sueño otoñal

Levanto

Mi vaso por las dudas

A veces la suerte me ayuda

Nadie golpea al zaguán



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no tengo ni tumba

Sin embargo el que canta soy yo



Miren al Pierrot callejero,

De la noche fiel compañero.

En su mejilla un lagrimón

Brilla

Le ha tocado pasarse la vida

a solas con su corazón.



(Recitado) “Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar.

Por si fuera poco, de golero; toda una vida tapando agujeros.

Y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran penal”



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no luce su ropa

Sin embargo le llaman Pierrot



Miren al Pierrot callejero…



(Recitado final improvisado por el “Canario” Luna)

“¿Sentiste a los muchachos, Viruta? Dicen que estoy solo, qué saben ellos…

No saben que siempre a mi lado va a estar el niño Calatrava,

Raviol, que se nos fue hace poco.

A solas sí… a solas pero gozando y viviendo la vida…

porque yo nunca voy a estar solo”

Neil Gaiman



“(…) Se quedó dormido mientras el avión despegaba.
Se encontraba en un lugar oscuro, y la cosa que lo miraba llevaba una cabeza de búfalo peluda y pestilente, con unos ojos enormes y acuosos. Tenía cuerpo de hombre, cubierto de aceite y brillante.


—Se avecinan cambios —dijo el búfalo sin mover los labios—. Será necesario tomar ciertas decisiones.


La luz de una hoguera titilaba en las paredes húmedas de la cueva.


—¿Dónde estoy? —preguntó Sombra.
—En la tierra y debajo de la tierra —dijo el hombre búfalo—. Te encuentras en el lugar donde esperan los olvidados.

Sus ojos eran líquidas canicas negras y su voz atronaba desde el mismo inframundo. Olía como una vaca mojada.


—Cree —dijo la atronadora voz—. Para sobrevivir debes creer.
—¿Creer qué? —preguntó Sombra—. ¿Qué es lo que debo creer?


El hombre búfalo tenía la vista clavada en Sombra y se irguió hasta hacerse inmenso, con los ojos en llamas. Abrió su babeante boca de búfalo, roja por dentro a causa del fuego que ardía en su interior, bajo la tierra.


—Todo —bramó el hombre búfalo”.

Juan Rulfo

💟 Cien años de Juan Rulfo 💟








“Ya estaba alta la noche. La lámpara que ardía en un rincón comenzó a languidecer; luego parpadeó y terminó apagándose.

Sentí que la mujer se levantaba y pensé que iría por una nueva luz. Oí sus pasos cada vez más lejanos. Me quedé esperando.

Pasado un rato y al ver que no volvía, me levanté yo también. Fui caminando a pasos cortos, tentaleando en la oscuridad, hasta que llegué a mi cuarto. Allí me senté en el suelo a esperar el sueño.

Dormí a pausas.

En una de esas pausas fue cuando oí el grito. Era un grito arrastrado como el alarido de algún borracho: ‘¡Ay vida, no me mereces!’

Me enderecé de prisa porque casi lo oí junto a mis orejas; pudo haber sido en la calle; pero yo lo oí aquí, untado a las paredes de mi cuarto. Al despertar, todo estaba en silencio; sólo el caer de la polilla y el rumor del silencio.

No, no era posible calcular la hondura del silencio que produjo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire. Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia. Y cuando terminó la pausa y volví a tranquilizarme, retornó el grito y se siguió oyendo por un largo rato: ‘¡Déjenme aunque sea el derecho de pataleo que tienen los ahorcados!’”




Thank you very much, Kazuaki Nagano, for the picture!!! 💟

Homero Expósito

“Mi hermano Homero era un tipo muy inquieto. Al cumplir quince años mi papá le hace un enorme regalo, un día en Buenos Aires y doscientos pesos. Era el valor de un sueldo. Entonces viene a Buenos Aires por primera vez solo, se baja en Retiro, comienza a caminar y llega a la calle Maipú, ahí encuentra a la casa Breyer, que es una de las primeras casas de música que hubo. Con solo quince años le dice al vendedor – de tangos ya tengo todo, yo busco otros nombres, otra idea-, y el tipo le recomienda – vaya a casa Neumann y va a encontrar lo que esta buscando, usted debería meterse en asuntos de jazz-

Homero entra y ve que ellos tenían editada toda la música que te puedas imaginar, saca los doscientos pesos y se compra toda la música que había. Ahí para nosotros cambió todo. Fue un despelote, yo tenía nueve años, mi hermano me decía escucha esta gente a donde ha llegado, al lado de todo esto, que también es música popular, lo nuestro es muy incipiente”.Virgilio Expósito




“Resulta que yo conservaba un poema que Homero me dio para musicalizar. Un día se lo mostré a Virgilio y le dije que era inédito de su hermano, que lo tomara para musicalizarlo él. No podía esperarse otra cosa de Virgilio. Me propuso que le pusiéramos la música entre los dos y que lo grabáramos cantando juntos. Así nació Batilana” Litto Nebbia




Fuente








“Batilana”

Batilana era un pardo del Abasto

que estilaba delirios de guapeza.

Una yunta de bueyes en el lomo

y una insidia de chusma en la cabeza.



Era amigo de todos los chimentos

y lucía alpargatas en chancleta;

el silencio de plomo le pesaba

como pesan los cargos de conciencia.



Batilana era duro de cogote

pero blanda la voz como la arena.

Chamuyaba un misterio sibilante

como el simple sisear de la culebra.



Batilana era un cacho de banana

que jugaba al codillo de las mentas,

es prudente el que calla lo que escucha

y un otario el que agranda lo que cuenta.



Caminaba más lento que el sigilo

pero andaba ligero con la lengua;

deschavando, por gil, cosas de cosos

que no usaban pendientes las pendencias.



Le pegaron un tiro en la palabra,

le dejaron la nuca boquiabierta.

Le apagaron la luz al peluquero

y quedó reventao en la vereda…

en la vereda…

en la vedera, che…

en la vereda.




“Homero, un anormal con matrícula” Polaco Goyeneche 💟








“Trenzas” de Homero Expósito




Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia.

Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor,

yugo casi de blando de tu risa de tu voz…

Fina

caridad de mi rutina,

me encontré tu corazón

en una esquina…

Trenzas de color de mate amargo

que endulzaron mi letargo gris.

¿Adónde fue tu amor de flor silvestre?

¿Adónde, adónde fue después de amarte?

Tal vez mi corazón tenía que perderte

y así mi soledad se agranda por buscarte.

¡Y estoy llorando así

cansado de llorar,

trenzado a tu vivir

con trenzas de ansiedad… sin ti!

¡Por qué tendré que amar

y al fin partir!

Pena,

vieja angustia de mi pena,

frase trunca de tu voz

que me encadena…

Pena que me llena de palabras sin rencor,

llama que te llama con la llama del amor.

Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia,

trenzas,

nudo atroz de cuero crudo

que me ataron a tu mudo adiós…