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Moris

¡Feliz cumple, Moris!

Moris, un juglar de lujo en un mundo atestado de bufones…


“Si ser rebelde es pensar las cosas y la vida por cuenta propia, sí, soy rebelde”.





“Mucho del rock nacional ha estado influenciado por gente como José Sebrelli (todos lo hemos leído) que en ‘Vida cotidiana y alienación’ se adelanta a la trampa de la ciudad y las cosas ocultas de los barrios”.







PATO TRABAJA EN UNA CARNICERÍA (MORIS)



Todo empezó con el chiste que decía:

“Lo tuyo es mío y lo mío es mío”.

Nunca creímos que eso sería

lo que algún día nos heriría.



Eran los días, los días de oro,

y el sol brillaba sin preguntar.



Después crecimos y nos fuimos del barrio,

Pato trabaja en una carnicería;

tiempos aquellos de los rosedales,

novias en Flores, primeros cigarrillos.



Nunca al colegio, siempre la vida,

y las mañanas del sol aquel.



Hemos crecido y visto el mundo en los diarios,

el comunismo resultó complicado.

Lo tuyo es mío y lo mío es mío,

nos ha llevado a la indiferencia.



Tenés excusas, los otros tienen,

que te mantengan, para eso están.



Sos el burgués más podrido que existe,

y te engañás pensando que sos un hippie.

Vos explotás a todos y no das nada,

y eso es ser el peor capitalista.



Cuando tenés, te hacés el burro,

vivís de arriba, qué asco me das.



Vos te reís del mundo y de las personas,

pero querés que el mundo te alimente.

Otros te proporcionan lo necesario

y vos seguís creyendo que es lo corriente.



Que inútil sos, qué mantenido,

mirate un poco, bajá de ahí.



Siempre estás en artista y te hacés el genio,

cultivás tu aire ausente y despreocupado;

porque te super gusta hacerte el raro,

y tu fama te tiene muy preocupado.



Te hacés copar, cómo engañás,

sos de mentira, ya no servís.



Pato trabaja en una carnicería…



Más que trovador, Moris

Jaime Roos

“Siempre fui un anarquista de manual. Libertario en contra de todo tipo de autoridad, pero al mismo tiempo solidario con el desposeído. Descubrí tempranamente que era incompatible la anarquía con el mundo real”. Jaime Roos



Jaime había estado tocando en el subte de París ocho horas, juntando moneda por moneda para llegar a los 48 francos que costaba la entrada para ver a Frank Zappa. Puso el show por delante de la cena. “¡Pero no sabés qué concierto! ¡Me voló la cabeza! -recuerda y ríe-. Aprendí mucho esa noche. Hasta hoy aplico enseñanzas que vi en esos escenarios.”. (Fuente)






“Brindis por Pierrot”



No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar

Dónde está la Gran Muñeca

Que no trilla el bulevar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Ahí estás Mario Benítez

Con tu Línea Maginot.

Qué será de los porteños

Ocupando el Liberaij

Qué dirá La Nueva Ola

Empapada de champán…

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por La Unión

Ahí estás Martíncorena

Escuchando esta canción…



Me voy

Como se han ido tantos

Que el recuerdo disfrazao de santos

Y su historia se ha vuelto ilusión

Descubro

Un dejo de amargura

Que ni la mejor partitura

Le pudo marcar a mi voz



Se van

Como se han ido tantos

Carnaval les regaló su manto

Su estampa se vuelve canción

Se han ido

Soplando candilejas

Esta noche no tengo ni quejas

Sin embargo el que llora soy yo.



No se acuerdan de la Bruta

Con Pianito en su lugar

No me olvido más del Ñato

Imitando a Dogomar

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Pierrot

Quedan pocos Sabaleros

Aguantando el mostrador



Te estoy viendo a vos, Benítez

En las páginas del Ring

Ni que hablar de un Picho López

Recostado en el casin

Esta noche es de recuerdos

Este brindis por Zelmar

No lo vieron a Molina

Que no pisa más el bar



Me voy

Me voy me vivo yendo

Cuesta abajo me hizo vista el tiempo

En las copas me dieron changüí

Me llevo

Como un capricho burdo

La esperanza escondida en el zurdo,

Que el Diablo se apiade de mí



Se van

Se van se siguen yendo

Cuesta abajo los sacude el viento

Como hojas de un sueño otoñal

Levanto

Mi vaso por las dudas

A veces la suerte me ayuda

Nadie golpea al zaguán



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no tengo ni tumba

Sin embargo el que canta soy yo



Miren al Pierrot callejero,

De la noche fiel compañero.

En su mejilla un lagrimón

Brilla

Le ha tocado pasarse la vida

a solas con su corazón.



(Recitado) “Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar.

Por si fuera poco, de golero; toda una vida tapando agujeros.

Y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran penal”



Oigan al payaso que canta

Cuántas penas en su garganta

Junto a su copa de licor

Solo

Esta noche no luce su ropa

Sin embargo le llaman Pierrot



Miren al Pierrot callejero…



(Recitado final improvisado por el “Canario” Luna)

“¿Sentiste a los muchachos, Viruta? Dicen que estoy solo, qué saben ellos…

No saben que siempre a mi lado va a estar el niño Calatrava,

Raviol, que se nos fue hace poco.

A solas sí… a solas pero gozando y viviendo la vida…

porque yo nunca voy a estar solo”

Homero Expósito

“Mi hermano Homero era un tipo muy inquieto. Al cumplir quince años mi papá le hace un enorme regalo, un día en Buenos Aires y doscientos pesos. Era el valor de un sueldo. Entonces viene a Buenos Aires por primera vez solo, se baja en Retiro, comienza a caminar y llega a la calle Maipú, ahí encuentra a la casa Breyer, que es una de las primeras casas de música que hubo. Con solo quince años le dice al vendedor – de tangos ya tengo todo, yo busco otros nombres, otra idea-, y el tipo le recomienda – vaya a casa Neumann y va a encontrar lo que esta buscando, usted debería meterse en asuntos de jazz-

Homero entra y ve que ellos tenían editada toda la música que te puedas imaginar, saca los doscientos pesos y se compra toda la música que había. Ahí para nosotros cambió todo. Fue un despelote, yo tenía nueve años, mi hermano me decía escucha esta gente a donde ha llegado, al lado de todo esto, que también es música popular, lo nuestro es muy incipiente”.Virgilio Expósito




“Resulta que yo conservaba un poema que Homero me dio para musicalizar. Un día se lo mostré a Virgilio y le dije que era inédito de su hermano, que lo tomara para musicalizarlo él. No podía esperarse otra cosa de Virgilio. Me propuso que le pusiéramos la música entre los dos y que lo grabáramos cantando juntos. Así nació Batilana” Litto Nebbia




Fuente








“Batilana”

Batilana era un pardo del Abasto

que estilaba delirios de guapeza.

Una yunta de bueyes en el lomo

y una insidia de chusma en la cabeza.



Era amigo de todos los chimentos

y lucía alpargatas en chancleta;

el silencio de plomo le pesaba

como pesan los cargos de conciencia.



Batilana era duro de cogote

pero blanda la voz como la arena.

Chamuyaba un misterio sibilante

como el simple sisear de la culebra.



Batilana era un cacho de banana

que jugaba al codillo de las mentas,

es prudente el que calla lo que escucha

y un otario el que agranda lo que cuenta.



Caminaba más lento que el sigilo

pero andaba ligero con la lengua;

deschavando, por gil, cosas de cosos

que no usaban pendientes las pendencias.



Le pegaron un tiro en la palabra,

le dejaron la nuca boquiabierta.

Le apagaron la luz al peluquero

y quedó reventao en la vereda…

en la vereda…

en la vedera, che…

en la vereda.




“Homero, un anormal con matrícula” Polaco Goyeneche 💟








“Trenzas” de Homero Expósito




Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia.

Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor,

yugo casi de blando de tu risa de tu voz…

Fina

caridad de mi rutina,

me encontré tu corazón

en una esquina…

Trenzas de color de mate amargo

que endulzaron mi letargo gris.

¿Adónde fue tu amor de flor silvestre?

¿Adónde, adónde fue después de amarte?

Tal vez mi corazón tenía que perderte

y así mi soledad se agranda por buscarte.

¡Y estoy llorando así

cansado de llorar,

trenzado a tu vivir

con trenzas de ansiedad… sin ti!

¡Por qué tendré que amar

y al fin partir!

Pena,

vieja angustia de mi pena,

frase trunca de tu voz

que me encadena…

Pena que me llena de palabras sin rencor,

llama que te llama con la llama del amor.

Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia,

trenzas,

nudo atroz de cuero crudo

que me ataron a tu mudo adiós…

Homero Manzi

“Una vez Homero me dijo, por ejemplo, si vos salís a la calle, a la puerta de tu casa a la noche, y ves la luna frente a vos, ésa es una luna; pero si vos vivís en una calle transversal, la luna la tenés que mirar a tu izquierda o a tu derecha. Entonces es otra luna. Entonces son las calles y las lunas suburbanas. Pero a él solamente se le pudo haber ocurrido… ¡Porque era un monstruo!”Polaco Goyeneche sobre Homero Manzi






“Anchorage al Sur” Carlos Schlaen

Cuando Alootook llegó a la esquina, se convenció. ¡Era ésa! ¡Sin ninguna duda! ¿Qué otra esquina podría ser sino?, si allí estaban, resplandeciendo a la luz de la luna: el taller, el depósito y la sucursal del banco.
Había pasado por allí muchísimas veces, pero nunca había reparado en ese rincón suburbano hasta que escuchó el tango o, más precisamente, hasta que empezó a entender su significado.
Alootook sonrió satisfecho. No hacía todavía un año que había dejado las heladas costas del Ártico, habitadas desde tiempos inmemoriales por su pueblo, los inuit*, y ya estaba en condiciones de percibir los pulsos más sutiles que latían bajo la piel de la ciudad. Se había marchado de su hogar, igual que tantos jóvenes lo hacen, en la búsqueda de nuevas experiencias, pero para él fue mucho más que eso. Fue una revelación. Apenas puso un pie en Anchorage supo que aquel sería su lugar en el mundo. No se trató del mero deslumbramiento que provocan las grandes metrópolis en el provinciano recién llegado. En este caso, fue un sentimiento profundo, perdurable… y mutuo. Alootook amó a esa ciudad como a una prolongación natural de la geografía blanca de su historia y la ciudad le retribuyó, abriéndole sus puertas con inmediata generosidad. El primer día consiguió un cuarto en un económico albergue municipal y, el segundo, un empleo en la mayor envasadora de pescados de la región.
Al cabo de unos meses su identidad con Anchorage se había afianzado y Alootook recorría sus calles y avenidas con la familiaridad del que siempre ha vivido allí. Sin embargo, comenzó a advertir que eso no era suficiente. Anchorage era la ciudad más importante de Alaska y le ofrecía estímulos que él no estaba en condiciones de asimilar. Fue entonces que sintió la necesidad de progresar y se inscribió en un programa de educación para adultos.
El único curso disponible, en aquel momento, era el de español. Y, eso, fue providencial. Las lecciones empezaron bajo el signo de la adversidad. La profesora de español, una panameña que nunca logró habituarse al clima de Anchorage, plantó a sus alumnos una hora antes del inicio de clases y regresó al trópico de donde, según sus propias palabras, nunca debió marcharse.
Lo intempestivo de esa deserción provocó una severa crisis en las autoridades del programa. No contaban con otro profesor de español, pero era una tradición que los cursos comenzaran en los días y horarios previstos, y nadie quería ser el primero en quebrantarla. La solución provino del sector más inesperado: el departamento de educación física. Hiroyi Oshihara, un instructor de artes marciales recién llegado del Japón, afirmó que, por ser un fervoroso aficionado al tango (género que goza de una arraigada popularidad en su país), poseía aceptables conocimientos del castellano. Al menos eso fue lo que se le entendió porque Hiroyi tampoco dominaba el inglés, idioma oficial de Alaska. Ése fue el otro hecho providencial.





Dado el carácter cosmopolita de Anchorage, cuya población proviene, en gran medida, de diversas partes del mundo, a Alootook no le llamó la atención que su profesor de español fuese japonés. Lo que sí le llamó la atención, en cambio, fue su presentación. Tras saludar con una sobria reverencia a sus nuevos alumnos, Hiroyi Oshihara encendió el equipo de música portátil que traía y sólo dijo una palabra:


–¡Tango…!


Alootook nunca había escuchado un tango, pero el exótico sonido de los bandoneones y la cadencia de sus compases lo hechizaron de inmediato. Se trataba de “Sur”, en la versión de la orquesta típica de Katsumoto Nakumara, una de las más antiguas de Japón, y la incomparable voz de Nariko Takama.
La técnica del flamante profesor de castellano era novedosa. Consistía en hacerles escuchar a sus alumnos, reiterada y sistemáticamente, esa única grabación y en explicarles, con gestos y mímicas, el significado de los versos. Sólo en muy raras ocasiones accedía a traducirles una palabra al inglés. Algunos adjudicaban semejante rigurosidad a las exigencias didácticas del método, otros, a la sospecha de que su desconocimiento del inglés era mayor de lo que se suponía.
Lo cierto fue que, promediando la segunda semana, el ausentismo había reducido la clase a menos de un tercio. Alootook, sin embargo, fue de los pocos que perseveraron. Y tuvo su recompensa. Esa misma tarde, hacía apenas un par de horas, algo había sucedido. Fue de repente, al repetir una de las líneas que tanto había escuchado y que, por fuerza, conocía de memoria:


“… Nostalgias de las cosas que han pasado…”



Sólo que, esta vez, a diferencia de las anteriores… ¡entendió…!
Y, en un instante, todo tuvo sentido. Un montón de ideas estallaron en su cabeza porque comprendió, además, que nada había sido casual. Ni el tango, ni la letra, ni el poeta… No estaban hablando de historias ni de lugares extraños o ajenos. Estaban hablando de algo que él conocía. De sus cosas y sus nostalgias. ¡Esa era la clave!
Luego fue imposible contener el fluir de la mente. En rápida cascada, otros versos, enlazados con sus evocaciones más íntimas, develaron sus secretos como un rompecabezas que empieza a adquirir forma.


“… y un perfume de yuyos y de alfalfa

que me llena de nuevo el corazón…”



Era cierto que todavía le faltaban muchas palabras, pero ¿qué importaba que no conociese el significado de “yuyos” o de “alfalfa” si había entendido el resto? Por otra parte, no era tan difícil deducirlas. Porque si de nostalgia se trata, ¿qué otro perfume le llena a uno el corazón, más que el de la grasa de foca ardiendo una tarde de primavera en el iglú o el suave aroma del salmón recién pescado? ¿Acaso pudo haber pensado en otra cosa Manzi, el poeta?
El círculo de hechos providenciales empezaba a cerrarse. Para completarlo, sólo faltaba un detalle. El escenario:


“… La esquina del herrero…”



Y salió en su búsqueda apenas concluyó la clase. Ahora, que la había encontrado, el círculo terminó de cerrarse. Manzi, japonés o no, había vivido en Anchorage y, esa esquina, al Sur del Polo Norte, era la demostración.


“Sur, paredón y después…

Sur, una luz de almacén…

Ya nunca me verás como me vieras

recostado en la vidriera

y esperándote…”



Alootook se detuvo bajo el cartel luminoso del almacén de suministros industriales, miró el paredón de la sucursal del First National Bank of Alaska y la antigua herrería de trineos de los Watson Brothers. Luego, entornó los párpados e imaginó el rostro de la bellísima Qaniit, su primera novia, detrás de una ventana. Y al fin, recostado en la vidriera, como si la esperase, se dejó acariciar por el helado viento nocturno.


(*) Inuit: nombre que se da a sí mismo el pueblo conocido como Esquimal


Ilustración: Jimena Tello

José María “Katunga” Contursi

José María Contursi, Katunga, hijo del recordado Pascual Contursi (autor, entre otros, de “Mi noche triste”, memorablemente interpretado por Carlos Gardel)






“Tú”



Llegaste como un rayo deslumbrante de luz.

Yo andaba por el mundo sin amor ni quietud.

Mis ansias ya se habían refugiado

entre las ruinas de mi pasado.

Traías en tus ojos… en tus labios… tu voz

la cálida promesa de un destino mejor…

mis manos y tus manos se encontraron

y nuevamente palpitó mi corazón.



Tú…

con la magia de tu amor y tu bondad…

Tú…

me enseñaste a sonreír y a perdonar.

Ves…

yo era un grito de rencor

en el trágico final

de mi desesperación

Tú…

milagrosa musiquita de cristal

me enseñaste a sonreír y a perdonar.

Qué tristes eran mis momentos sin ti…

me ahogaba la tortura de rodar sin morir.

Cansado de mis penas y mi hastío

y de esos viejos recuerdos míos.

Tus besos… tus ternuras… tu emoción y tu fe

hicieron el milagro de borrar el ayer…

aquel lejano ayer ensombrecido

que nunca… nunca… nunca más ha de volver.






Fotografía de Pascual Contursi, autor de “Mi noche triste”

Entrevista: audio de “La vida y el canto”, programa de Antonio Carrizo

Tango: “Tú” de J. M. Contursi y J. Dames. Con la orquesta de Atilio Stampone (1972)

José Larralde

Cantor orillero… a la orilla del mercado discográfico, a la orilla de los festivales, a la orilla de los cantores condescendientes, a la orilla de todo y de todos.



“Canto lo que viví y canto lo que vivo. No soy personero de nadie, ni represento a nadie. No se vaya a confundir”.



Recuerdo de su debut discográfico en la voz de Jorge Cafrune, 1967: “Yo me acuerdo que trabajaba de pión… en el campo y le llegó a él, no sé… unas canciones mías… y las grabó en Uruguay porque acá no se podía… y le puso mi nombre, otro tipo las habría afanao, le ponía mi nombre sin saber quién era yo”.






“Galpón de ayer”



Fiestonga de meta y ponga,

mitad candombe, y mitad milonga,

la verdulera rezonga y el mujerío

en la villalonga, se queja porque la vieja,

les aconseja que no se expongan

al lance del paisanaje

y del chusmaje de las demás.



Un viejo que escupe al sejo

no tiene tiempo pa dar consejos,

y afirmao en una hebra,

chupa ginebra, duro y parejo.



La gorda que hace empanadas

está empacada porque su viejo,

ta dele hacerle pasadas,

a la juntada con Santillán.



Milonga brava, galpón de ayer,

olor a cuero, cuchillo fiero que tiene sed.

Pilchaje pobre, cinto pesao,

baraja y hueso y un medio rezo pa algún finao.

Milonga brava, yo fui también,

cardo y gramilla, de las orillas del tiempo aquel.



La cosecha fue pareja,

cuarenta bolsas y de las viejas,

la gente anda con guitarra,

y ahoga en la farra penas y quejas.



La ginebra da confianza,

y en la balanza ya no se pesa,

ni el asao, ni la pobreza,

ni la tristeza que se ha pasao.



Dele viento a la acordeona,

cántese un verso pa la patrona,

afloje negro no empuje,

que lo que cruje no se almidona.



La naranja en el brasero,

tapa el chiquero, con el aroma

mientras el sol en la loma,

Venao se toma lo que ha quedao

Cartola

Cartola (Angenor de Oliveira):carioca, bohemio empedernido. Considerado, por críticos y músicos, el mayor sambista de Brasil. Le decían Cartola por el sombrero que se había fabricado para que no le cayera el cemento en la cabeza cuando trabajaba como obrero de la construcción. También fue lava autos. A sus 66 años realizó la primera grabación.



Basta de clamares inocência

Eu sei todo o mal que a mim você fez

Você desconhece consciência

Só deseja o mal a quel o bem te fez

Basta, não ajoelhes, vá embora

Se estás arrependida, vê se chora



Quando você partiu, me disse: “Chora!”, não chorei

Caprichosamente fui esquecendo que te amei

Hoje me encontras tão alegre e diferente

Jesus não castiga o filho que está inocente







Billie Holiday




“Fruta extraña”



De los árboles sureños cuelga una fruta extraña,

Sangre en las hojas, sangre en las raíces.

Los cuerpos negros se mecen con la brisa sureña,

Fruta extraña que cuelga de los álamos.



Escena pastoral del valiente sur,

Los ojos hinchados y la boca torcida.

Aroma de magnolias, dulce y fresco.

De repente, el olor de la carne quemándose.

Aquí está la fruta para que los cuervos coman.



Para que la lluvia se reúna, para que el viento chupe,

Para que el sol queme, para que los árboles se doblen.

Aquí hay una extraña y amarga cosecha.



Billie Holiday sólo cantaba la canción en los bises de clausura: de la misma forma que se la cantaba a un público con el que simpatizaba lo hacía para provocar a otro público cuyas ideas rechazaba. Escribió en su autobiografía “Esta canción consigue que la gente que está en orden se separe de los cretinos y los idiotas”. En los estados del sur, donde de por sí actuaba poco, cantó la canción aún más raramente, pues sabía que causaba irritación. En Mobile, Alabama fue perseguida hasta salir del estadio sólo porque intentó cantarla.



Abel Meeropol era un profesor judío de origen ruso afiliado al Partido Comunista de los Estados Unidos. Vio una foto de los linchamientos de Thomas Shipp y Abram Smith que según su testimonio le persiguió durante todo el día y no le dejó dormir. Entonces escribió el poema Bitter Fruit, que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan en la revista New York Teacher y en el diario comunista New Masses. Más tarde musicalizó el poema en la canción Strange Fruit.



(Fuente: Wikipedia)

Cuchi Leguizamón

“Se decía anarquista y, en realidad, es que en su desenfado no podía tolerar que se ejerciera algún poder sobre su persona. El Cuchi tenía la inquebrantable voluntad de romper con ataduras y cánones preestablecidos. Siendo abogado, decía que la música le había permitido liberarse de vivir de la discordia humana”.




Caricatura de Guflo. Representa al Cuchi subido en el caballo de Güemes, emulando al héroe gaucho con la mano sobre la frente para tratar de ver a lo lejos.



“Ateo confeso, pero creyente de los mitos populares, le escribió a la viuda, a la mulánima, al Duende. Pero eran todas creencias producto de su romanticismo”. Delfín y Juan Martín Leguizamón (hijos del Cuchi).



“Pobrecito tata dios,

siempre solito y ausente,

se moriría de aburrido

si no fuera por la gente

(…)

Pobrecito tata dios,

administrando perjuicio

pobreza, muerte y olvido

la pucha con el oficio”



“Cuando se muera el que canta

no lloren ni tengan pena

pónganlo en cajón de barro

priéndale velas de arena”






“El músico debe encontrar el paisaje, debe encontrar la razón de su música, olvidarse del mercado, de la industria cultural que constriñe la composición y embrutece”.



Yapa:




Juan Carlos Cáceres

“Juan Carlos Cáceres viene haciendo una importante contribución a la creación de la música ciudadana en su múltiple tarea de compositor, actor, arreglador, pianista y cantante. Nos ha brindado una nueva manera de encarar el candombe, la milonga y el tango rioplatense. Desde la lejanía de sus varias décadas en París, Cáceres -como lo hizo en la literatura Cortázar- pudo recrear con gran talento el lenguaje de nuestra música popular”. Fernando ‘Pino’ Solanas.






Fue en el 70 que llegaron

en avión, en barco, a nado

y en España se quedaron.



Argentinos, uruguayos

y chilenos exilados

y sudacas los llamaron.



Con los años encontraron

otros sudamericanos

que la guerra ha dispersado.



Mil razones los llevaron,

hacia Europa se largaron

la esperanza entre las manos.



Sudamérica estaba triste,

Sudamérica estaba llorando.



Llegan sabios exilados,

vienen lumpen disfrazados

en artistas consagrados.



Futbolistas y dentistas

y muchos psicoanalistas

y avivados arribistas.



¡Ay, también los diputados!

y también los desplazados

y una manga de tapados.



Entre hombres y mujeres

de trabajo muy honrado

llegan chorros y avivados.



Barcelona los recibe,

la inocencia desplegada,

sin pensar en la piolada.



A Madrid fueron los vivos,

a Marbella la pesada

y en el resto la gilada.



Los errores han dejado

a españoles embroncados

por sudacas desbolados.



Pasó el tiempo y despertaron

los hoteles les cerraron

como perros los trataron.



Sudamérica estaba triste,

Sudamérica estaba llorando.



Sus abuelos se vinieron

a querer hacer la América

hace ya más de cien años.



Los yoyegas se olvidaron

que fue trigo americano

que en posguerra se morfaron.