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Lis Ferreira

Hoy me vino en un instante,

a la mente, tus manos pintadas

de blanco, gris, azul.




Hoy me vino en un instante,

tu bicicleta negra

con un balde en el manubrio.




Hoy me vino en un instante,

tu escalera alta,

manchada de colores.








Qué difícil es no escuchar

el timbre los domingos al mediodía…




Qué difícil es no poder

tenerte y abrazarte,

aunque a veces sienta

a mi lado una tibia sombra.




Te busco y no te veo,

te busco y no me encuentro…




Ojalá que esta herida

-hermosa sólo por haberte tenido-

duela menos cada día.

Día de la soberanía

“El joven que se fue junto al río Paraná” de Sofi Jael







Fabio estaba por cumplir veinte años.
Tenía muchos planes para su vida, era un cofre de sueños. Combatir no estaba entre ellos pero quería ser un buen soldado.
Estaba enamorado de una muchacha de su misma edad, llamada Blanca.
Cuando recibió el aviso de que tenía que ir a combatir, se le aceleró el corazón. No podía ordenar y definir lo que sentía, lo que estaba viviendo era mucho.
Se despidió de su familia, amigos y, por supuesto, de su amada.
Y fue…
Había muchos que estaban en su misma posición: combatirían contra las dos potencias más grandes del mundo. Éstas los superaban en armamentos pero ellos ganaban en corazón y unidad.
Allí, en medio del desconcierto, se escuchaban cantos, plegarias, oraciones, regaños y llantos.
Fabio deseaba decirle a Blanca que era la luz de sus días y, aunque sea, darle un último beso. Beso con sabor a miedo y amor.
Vaya a saber uno si su último pensamiento fue el rostro de Blanca, o el de su familia y amigos. Vaya a saber en qué orden pasaron los rostros. O tal vez, estaba cantando una canción. O pensando qué hacer regreso a casa.
Lo que sé es que a su último pensamiento lo arrastró el agua marrón del río.



Vuelta de Obligado 2016

Carlos La Rocca

¡Bienvenido, Carlos La Rocca!








Comodoro Voyerista



Comodoro voyerista

cápsula de insectos

cajón de policías

caracoles sobre clavos

cinturón de archivos

circuitos de ombligos

condón de cuervos

cajetilla de semáforos

carpetas de colegios privados

casa sin luz

cáscaras de edad

cráter de edificio desmantelado

capote de resortes

consolas de cráneos

chantajes de átomos

cóndor en la plaza de Mayo



color de diarios apilados

caracoles sin espacios

capas de botón

calor en barras

cajera anémica

canasta de ruidos subterráneos

cartas vacías

catarata náutica

calesita de reina



cuadro roto

cólera de giros

choque de ruedas

contorno de holocausto

cólera cantado

choques de pisos

crepúsculo sin escrúpulo

caudillo multiplicado

calco de cansancios

Manuel Rodríguez

Manuel y un relato descorazonador… 💔😥

“Amor no correspondido” de Manuel Rodríguez (quince años)



Elizabeth era una alumna de secundaria y le encantaba ir a clase por su nuevo profesor de francés. Era alto, atractivo y con una gran personalidad, nunca se enojaba ni gritaba a sus alumnos y sabía mantener la calma.
Elizabeth sentía que el corazón se le aceleraba cada vez que elogiaba su letra, aquel profesor se fijaba incluso en que había cambiado de anteojos y le dijo que los nuevos le quedaban fantásticos. Sólo pensar en él le ponía contenta.
Elizabeth sacaba unas notas normales y sí, acaso, algunas un poco malas. No era especialmente guapa, y tampoco se le daban muy bien los estudios ni los deportes. Además, había ganado algo de peso en los últimos años y hasta su madre le decía que no le vendría mal perder algún kilo.
No era popular entre los alumnos ni tampoco entre los profesores, era simplemente una alumna tranquila que estaba ahí. Así era como la gente la definía, la propia Elizabeth sabía que no era nada especial y trató de mantener su amor en secreto. Pero conforme el tiempo pasaba, la joven no pudo mantener callados sus sentimientos. Tampoco esperaba tener nada con él, simplemente quería hacerle saber cómo se sentía.
Elizabeth se armó de coraje y un día decidió escribirle una carta sincera. Al día siguiente, antes de que empezara la clase, la chica dejó la carta junto al cuaderno de asistencia. Entregársela en mano era demasiado para ella.
A medida de que la hora se acercaba, su corazón se aceleraba cada vez más. La campana sonó al fin y la clase dio comienzo pero el profesor que entró por la puerta no era el profesor de francés sino el profesor de educación física, a quien ella odiaba completamente.




Al parecer, el profesor de Francés iba a llegar tarde, así que este otro vigilaría la clase.
Elizabeth comenzó a notar un sudor frío. Por su mente empezaron a pasar todo tipo de pensamiento: “¿Pasaría lista? ¿y si ve mi carta? Si lo hace… ¿fingirá no haber visto nada?”.
Le esperaba una dura sorpresa.
El profesor de educación física abrió el cuaderno de asistencia, encontró la carta de Elizabeth y la leyó en voz alta para toda la clase. Las risas y las burlas pronto comenzaron a surgir y el profesor le dijo que incluso hasta las chicas gordas y feas se enamoraban.
Las caras de asco y desprecio asustaron a Elizabeth, todos y cada uno de ellos eran sus enemigos. La joven se sentía como si estuviera rodeada de demonios en el infierno. Justo en ese momento llegó el profesor de francés, a Elizabeth le pareció que su salvador por fin entraba por la puerta. El profesor de educación física, entusiasmado, le entregó la carta.
Elizabeth alzó la mirada esperando que su profesor preferido calmara a los alumnos y arreglara el embrollo. El profesor de francés terminó de leer la carta y volteó en dirección a Elizabeth.
En su rostro había una mezcla de asco, molestia y rabia, era como si estuviera mirando a un insecto de lo más repulsivo. La vergüenza y el sentimiento de traición eran demasiado fuertes…
Elizabeth se suicidó esa misma noche pero a nadie le interesó saber el porqué.



Ilustración: Mirta Ruiz (acrílico sobre papel de acuarela).

Tu musa

Una musa enamorada…








Lo que Tú significas para mí:

Para mí tú eres ese rayo de sol que entra por mi ventana

A iluminar mis días y todo se vuelve algarabía…

Para mí tú eres ese sorbo de café que necesito para

Llenarme de energía y empezar bien mi día…

Para mí tú eres ese viento fresco que llega

A oxigenarme y me ayuda a despejarme…

Para mí tú eres esa tempestad que me agita y

Me hace sentir que estoy viva…

Para mí tú eres esa llama que entibia mi alma

Pero que también es capaz de encender mi calma …

Para mí eres esa mariposa que me hace vibrar infinitamente

Con su dulzura y me acaricia con su ternura…

Para mí eres el amor que ha tocado cada fibra de mi ser,

Colmado mi espacio, inundado mi mente y robado el corazón

Hasta casi hacerme perder la razón…

Lucía Sánchez

“La solapa” 😍, historia de Lucía Sánchez, ✳️✳️¡¡trece años!! ✳️✳️ ¡Súper ilustraciones de Nico Lass!💟 ¡Mil gracias! 😊



Capítulo 1



Me desperté exaltada, con el sonido de la alarma “de repuesto”. Estaba llegando tarde, ya eran las 07:15 am, y ni siquiera estaba vestida.
Corrí y abrí el placard, agarrando lo primero que tenía a mano. Me vestí, mientras corría al baño. me cepillé los dientes, mientras me peinaba.
Ni siquiera sabía que día era, ni que materias tenía, así que metí todos los libros en la mochila, agarré las llaves y salí corriendo hacia la escuela.
Cuando llegué, me llamó la atención un pequeño grupo de chicos que estaban en la entrada, tapando el paso. Me acerqué, y logré escuchar a uno de ellos que decía:


—¡Tienen que creerme! ¡Vi una sombra pasar justo por ahí! Era como una persona, pero no tenía cara… parecía mirarme, y luego despareció… ¡es verdad!


El resto del grupo no parecía creerle, aunque no parecía mentir, ni estar loco… parecía bastante increíble, pero quién dice, tal vez fuera real.
Llegué a mi casa, exhausta después de un día de puros temas nuevos.
Me senté a la mesa y comencé a comer, mientras revisaba las noticias de San Pedro en distintos diarios virtuales.
No había muchas noticias, casi todas pasaban desapercibidas pero una, llamaba la atención.
Se trataba de lo ocurrido en la puerta de la escuela esa mañana. No pensé que era para tanto… aunque creo que lo exageraron un poco.


“Solapa intenta atacar a decenas de alumnos de la escuela Normal”
“se oscurece la ciudad por un ataque de la solapa”
“Nuestra pesadilla, ahora es real”








Capítulo 2


Ya pasó casi una semana desde la noticia de la solapa, y no sé si fue por mi gran miedo o por casualidad, pero he visto más de una vez una silueta oscura escondida en la sombra.
Hoy me animé y me acerqué a ella, con miedo y con la idea de que algo malo iba a ocurrirme.
Para mi sorpresa, cuando llegué a donde se encontraba, me saludó muy amablemente.
Luego de unos segundos de silencio, ella dijo:


— ¿Sabés quién soy?
—Sí, o eso creo, he oído hablar de vos, me contaron que sos mala y que asustás a todos los niños…
—¡Te contaron mal! Siempre dicen eso de mí… la verdad es que intento hablar, y hacerme amiga de los chicos, pero todos salían corriendo. O llorando.
—¿De verdad?


Me quedé hablando toda la mañana, e incluso perdí todas las clases… la solapa es más real e interesante de lo que pensé.
No podía quedarme callada, y les conté a todos lo sucedido.
Al otro día, me pareció raro que mi nueva “amiga” no estuviera ahí, mirándome en la oscuridad.
Cuando llegué a mi casa y prendí la televisión, comprendí. Todos y cada uno de los canales mostraban la imagen de la solapa en una especie de caja de cristal transparente, como las de los museos.
Los titulares decían:

“Vecinos de San Pedro capturan a la solapa”
“Terror por aparición de una pesadilla infantil”
“Niños fuera de peligro, la solapa está capturada”



Según los noticieros, se encontraba en la comisaría local, pero no parecía ser una comisaría.




(Ilustración de la autora).


Capítulo 3


Tengo que encontrarla… ¿dónde estará exactamente? ¿Será buena idea buscarla? ¿Por qué confío tanto en ella? Esas preguntas me invaden… no sé, tengo hambre, mejor voy a comer algo.
Me senté a la mesa y comencé a devorar un alfajor mientras leía un libro, el cual trataba de un ángel que había aparecido en el parque Lezama.
En un momento, las páginas comenzaron a moverse, como si un viento muy fuerte las soplara. El libro saltó de mis manos y se cerró como un niño caprichoso cierra una puerta.
Sorprendida, me quedé por unos segundos mirando el libro tirado en la mitad de la cocina. Luego, se empezaron a mover sus páginas, muy lentamente, hasta que una mano salió justo por la mitad de una página. Seguido de la mano, salió un brazo y luego una cara… por su aspecto, parecía ser la abuela, personaje muy importante de la novela que estaba leyendo hacía unos segundos.
Luego, se asomó otra mano, otro brazo y nuevamente, otra cara, pero esta, parecía ser Camila, nieta de la abuela.
Me limité a mirarlas fijamente, con asombro. Ellas también parecían asombradas.


—Parece que se creó un portal…— dijo la abuela mirando un puntito negro en el libro.
—¿¡Cómo!?— dije yo, sin entender mucho de lo que estaba pasando.
—Eso, es un portal a nuestra dimensión… acercate, vas a ver nuestro mundo.


Me acerqué, sin hacer muchas preguntas, y sí, vi el parque Lezama, con los chicos jugando y el ángel revoloteando entre los árboles. Rápidamente, retrocedí. Todo era verdad.


—¿A que vinieron?— pregunté, asustada.
—No sé, estábamos leyendo tu libro… o eso creo, y aparecimos acá…— dijo Camila, con un tono de desconfianza. —¿Y ahora qué hacemos?—pregunté.
—Vos tenías que ayudar a “la solapa”… ¿verdad?— dijo Camila, entusiasmadísima.
—¿Y eso en qué las incluye?—dije yo
— Te podríamos ayudar, armar un plan, y salvar a tu amiga— dijo la abuela.
—Mmm… no es mala idea…— dije, no del todo convencida.
—Escuchame— dijo Cami con tono mandón—podríamos localizar a “la solapa”, con un poco de lógica, y pensando un poco… dicen que está en la comisaría… ¿y si empezamos por ahí?


La abuela y yo asentimos con la cabeza, y salimos de mi casa directo a la comisaría.
Cuando llegamos, nos atendió una mujer, con el cabello muy largo y colorado, y unos ojos verdes que invitaban a mirarla. Parecía simpática.


—Hola, buen día, soy Natalia, mucho gusto, ¿qué desean?—preguntó, hablando bastante rápido.
—Hola, buscamos a “la solapa”… ¿se encuentra aquí? – dije, queriendo parecer lo más simpática posible.


La cara de la mujer se transformó, ahora parecía más bien nerviosa.
Se acercó más a mi oído, y susurró:


—Puedo ayudarlas, pero nadie, absolutamente nadie, puede saberlo (esta vez pronunció las palabras más lento).

Seguido de esto, se paró y comenzó a caminar.


—Síganme, es por acá— dijo más tranquila.


Tocó un botón, y una puerta se abrió. Como era muy estrecha, hicimos una fila india, Natalia primero; atrás de ella, yo; detrás Camila y al final, la abuela—que era la más entusiasmada de todas—.
Caminamos por unos cinco minutos, hasta llegar a un gran salón y, en el medio, había una gran caja de cristal, iluminada por una brillante luz blanca. Y dentro de la caja, mi amiga, “la solapa”.
Natalia sacó de su bolsillo un manojo de llaves plateadas. De entre el manojo, escogió una de color dorado brillante y la colocó en la cerradura del candado que cerraba la gran caja de cristal. Giró la llave, y la puerta se abrió.
La solapa salió, con desconfianza. Me abrazó y me dijo suave al oído:


—¡Corran! Es una trampa.


No alcanzó a terminar la frase que unos hombres, los cuales no sé de dónde salieron, me tomaron por los brazos a mí, a la abuela y a Camila. Nos empujaron bruscamente a la caja de cristal en la cuál se encontraba la solapa.


—¿Qué hacemos con ella?— preguntó uno de los hombres, refiriéndose a la solapa.


Todo quedó en silencio por unos segundos. La solapa parecía relajada. De un momento a otro, la solapa se esfumó, dejando una nube de polvo en su lugar.
Los hombres se miraron entre sí, extrañados, y luego dirigieron la mirada a nosotras.


—Nosotras no fuimos—dijo Cami, anticipándose.


Luego la solapa apareció, justo delante de los hombres, los cuáles intentaron atraparla, pero no lo lograron. Ese juego duró un buen rato y los hombres estaban cada vez más hartos.
Hasta que la solapa apareció dentro de la caja y, de un soplido, la rompió.
Inmediatamente, la solapa gritó, con todas sus fuerzas, aturdiendo sólo a los hombres, los cuales ahora, estaban rendidos.
La solapa tomó fuerte mi mano, me miró, haciéndome entender que teníamos que correr.
Corrimos sin parar, hasta llegar a la calle, y cuando llegamos, la solapa desapareció.
Seguimos caminando, sin preocuparnos mucho hasta mi casa. Cuando tocamos timbre, nos abrió ella, la solapa, con una gran sonrisa en su rostro.






Capítulo 4


—¡Pasen! Como si fuera su casa… —dijo la solapa, irónica.


Nos sentamos a la mesa, y se pasaron volando las horas, entre anécdotas, risas, mates y galletitas.
Hasta que alguien llamó a la puerta. Abrí, y la solapa de inmediato la cerró bruscamente, muy nerviosa, dicha acción seguida de un shhh con su dedo índice en los labios.
La miré confundida, y luego entendí, que la buscaban a ella.


—Me tengo que ir…— dijo la solapa, después de unos segundos.
—¿A dónde? — pregunté.
—A otras historias, en otros tiempos y lugares.


Como nosotras seguíamos mirándola, sin comprender, siguió.


—Dame un libro.


Tomé mi libro preferido, “En otro lugar” de Gabrielle Zevin, y se lo di. Ella lo abrió, nos tomó de las manos y saltó.
Apenas alcancé a ver que la puerta se abría bruscamente y los hombres, acompañados de varios policías, entraron.
Por suerte no consiguieron atraparnos y, sin darnos cuenta, estábamos en otra historia.






Facundo Rojas Gacitúa

“Ella (mi poesía)”






Descendiente directa del motor primero

Principio del universo.

Fuente inagotable de magia insospechada,

Fuego vestido en silencios prolongados de inalcanzable profundidad.

Máxima expresión libre de libertad infinita cautiva.

Subliminal esencia,

Reminiscencia viva de todas las virtudes nacidas en el cosmos.

Cielo estrellado de noche eterna,

Etérea.

Estación temprana de colores imposibles.

Sensible dominante y tónica y modula

Supernova

Hipernova

Devenir certero explosivo imparable…

Clave secreta para revertir la entropía.

Pétalo de flor perfumada,

Sístole y diástole mecánico pilar fundamental.

Perfecto alineamiento planetario.

Inhala el mundo y lo exhala sublime

Entre miradas lentas,

lenta se desliza en desplazamiento lento.

Mueve placas tectónicas con sus pestañas,

Bebe del océano y se purifica.



Fotografía de la explosión de una supernova