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Lis Ferreira

Hoy me vino en un instante,

a la mente, tus manos pintadas

de blanco, gris, azul.




Hoy me vino en un instante,

tu bicicleta negra

con un balde en el manubrio.




Hoy me vino en un instante,

tu escalera alta,

manchada de colores.








Qué difícil es no escuchar

el timbre los domingos al mediodía…




Qué difícil es no poder

tenerte y abrazarte,

aunque a veces sienta

a mi lado una tibia sombra.




Te busco y no te veo,

te busco y no me encuentro…




Ojalá que esta herida

-hermosa sólo por haberte tenido-

duela menos cada día.

René Magritte

« Quiero infundir nueva vida en la manera en que miramos las cosas que nos rodean. ¿Pero como debemos mirar? Como un niño: la primera vez lo ve todo como una realidad fuera de sí. Yo vivo en el mismo estado de inocencia que un niño, que cree poder alcanzar con su mano un pájaro en pleno vuelo. »








« No hay respuestas en mis pinturas, sólo preguntas. »

«La vida me obliga a hacer algo, por eso pinto. »








«Anhelo el amor que está vivo, lo que es imposible o ambiguo. Temo saber exactamente cuales son mis limitaciones. »

« Detesto mi pasado y el de otros. Detesto la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y los sentimientos obligatoriamente bonitos».








« El surrealismo es revolucionario ya que es enemigo irreductible de todos los valores ideológicos burgueses que retienen al mundo en las horribles condiciones actuales. »

Día de la soberanía

“El joven que se fue junto al río Paraná” de Sofi Jael







Fabio estaba por cumplir veinte años.
Tenía muchos planes para su vida, era un cofre de sueños. Combatir no estaba entre ellos pero quería ser un buen soldado.
Estaba enamorado de una muchacha de su misma edad, llamada Blanca.
Cuando recibió el aviso de que tenía que ir a combatir, se le aceleró el corazón. No podía ordenar y definir lo que sentía, lo que estaba viviendo era mucho.
Se despidió de su familia, amigos y, por supuesto, de su amada.
Y fue…
Había muchos que estaban en su misma posición: combatirían contra las dos potencias más grandes del mundo. Éstas los superaban en armamentos pero ellos ganaban en corazón y unidad.
Allí, en medio del desconcierto, se escuchaban cantos, plegarias, oraciones, regaños y llantos.
Fabio deseaba decirle a Blanca que era la luz de sus días y, aunque sea, darle un último beso. Beso con sabor a miedo y amor.
Vaya a saber uno si su último pensamiento fue el rostro de Blanca, o el de su familia y amigos. Vaya a saber en qué orden pasaron los rostros. O tal vez, estaba cantando una canción. O pensando qué hacer regreso a casa.
Lo que sé es que a su último pensamiento lo arrastró el agua marrón del río.



Vuelta de Obligado 2016

Moris

¡Feliz cumple, Moris!

Moris, un juglar de lujo en un mundo atestado de bufones…


“Si ser rebelde es pensar las cosas y la vida por cuenta propia, sí, soy rebelde”.





“Mucho del rock nacional ha estado influenciado por gente como José Sebrelli (todos lo hemos leído) que en ‘Vida cotidiana y alienación’ se adelanta a la trampa de la ciudad y las cosas ocultas de los barrios”.







PATO TRABAJA EN UNA CARNICERÍA (MORIS)



Todo empezó con el chiste que decía:

“Lo tuyo es mío y lo mío es mío”.

Nunca creímos que eso sería

lo que algún día nos heriría.



Eran los días, los días de oro,

y el sol brillaba sin preguntar.



Después crecimos y nos fuimos del barrio,

Pato trabaja en una carnicería;

tiempos aquellos de los rosedales,

novias en Flores, primeros cigarrillos.



Nunca al colegio, siempre la vida,

y las mañanas del sol aquel.



Hemos crecido y visto el mundo en los diarios,

el comunismo resultó complicado.

Lo tuyo es mío y lo mío es mío,

nos ha llevado a la indiferencia.



Tenés excusas, los otros tienen,

que te mantengan, para eso están.



Sos el burgués más podrido que existe,

y te engañás pensando que sos un hippie.

Vos explotás a todos y no das nada,

y eso es ser el peor capitalista.



Cuando tenés, te hacés el burro,

vivís de arriba, qué asco me das.



Vos te reís del mundo y de las personas,

pero querés que el mundo te alimente.

Otros te proporcionan lo necesario

y vos seguís creyendo que es lo corriente.



Que inútil sos, qué mantenido,

mirate un poco, bajá de ahí.



Siempre estás en artista y te hacés el genio,

cultivás tu aire ausente y despreocupado;

porque te super gusta hacerte el raro,

y tu fama te tiene muy preocupado.



Te hacés copar, cómo engañás,

sos de mentira, ya no servís.



Pato trabaja en una carnicería…



Más que trovador, Moris

Carlos La Rocca

¡Bienvenido, Carlos La Rocca!








Comodoro Voyerista



Comodoro voyerista

cápsula de insectos

cajón de policías

caracoles sobre clavos

cinturón de archivos

circuitos de ombligos

condón de cuervos

cajetilla de semáforos

carpetas de colegios privados

casa sin luz

cáscaras de edad

cráter de edificio desmantelado

capote de resortes

consolas de cráneos

chantajes de átomos

cóndor en la plaza de Mayo



color de diarios apilados

caracoles sin espacios

capas de botón

calor en barras

cajera anémica

canasta de ruidos subterráneos

cartas vacías

catarata náutica

calesita de reina



cuadro roto

cólera de giros

choque de ruedas

contorno de holocausto

cólera cantado

choques de pisos

crepúsculo sin escrúpulo

caudillo multiplicado

calco de cansancios

J. G. Ballard

Ballard, el profeta






“(…) Su catástrofe privada le había sobrevenido con la repentina muerte de su esposa, que lo dejó al cuidado de sus tres hijos cuando apenas estaba en los comienzos de su carrera. Ballard se las arregló para sobrevivir sin pedir ayuda y logró desarrollar toda su creatividad haciendo de madre, padre y escritor a la vez. El hombre que llevaba a los chicos a la escuela con el uniforme bien planchado era el mismo que después se sentaba a escribir Crash (…)” Pablo Capanna, del prólogo a “J. G. Ballard. Para una autopsia de la vida cotidiana. Conversaciones”. (Caja Negra Editora, 2013)


“(…) si yo, como escritor de ciencia ficción, tuviera que hacer una predicción sobre el futuro, podría resumir mi temor en una sola palabra: aburrimiento. He aquí mi gran temor, que todo haya ocurrido; ninguna cosa que sea excitante, novedosa o interesante va a suceder de nuevo; el futuro será un enorme y resignado suburbio del alma, nada nuevo va a surgir, ninguna evasión tendrá lugar otra vez. Esto es lo que va a pasar y es mi gran temor. No tengo idea de qué podemos hacer al respecto, abrirnos las venas o algo así (…)”


“(…) Antes la gente solía llamar y decirme: ‘Estamos tomando unos tragos en Hampstead, ¿quieres venir?’. Y yo me daba una vuelta. Pero ahora ya no lo hago, ahora digo: ‘Lo siento, tengo que ver el último capítulo de The Rockford files, es más interesante’. Y habitualmente lo es, por supuesto. Pasado cierto tiempo, uno empieza a aplicar los principios de contabilidad analítica a la propia vida de un modo despiadado. ¿Es rentable (en términos imaginativos) recorrer todo el camino a Hampstead para asistir a una cena? ¿Realmente tengo ganas de sentarme a la mesa a tener una pequeña charla con la mujer de tal o cual escritor? No tengo ganas; solo quisiera encontrarme con gente cuya compañía siento que me puede aportar algo valioso.”


Carlos Fuentes

“Todas las familias felices” Carlos Fuentes (Alfaguara, 2006)



“(…) Me miro al espejo y me digo, José Nicasio, quítate esa mueca, sonríe, trata de ser amable. Me siento amable pero no puedo cambiar la mueca. Ha de venirme de muy lejos mi cara. Mi máscara, claro que sí señora. Entiéndanos. Nacimos con la cara que nos dio el tiempo. Tiempo duro, casi siempre. Tiempo de sufrir. Tiempo de aguantar ¿Qué cara quiere usted que pongamos? (…) Deje que me ría, señora. Voy a los museos de México y recorro las salas de las culturas indígenas –mayas, olmecas, aztecas- maravillado del arte de mis pasados. Pues allí quieren tenernos, señora, escondidos en los museos. Como estatuas de bronce en las avenidas ¿Qué pasa si el rey Cuauhtémoc se baja de su pedestal en el Paseo de la Reforma y camina entre la gente? Pues que le vuelven a quemar las patas…




Deje que me ría, señora. Apenas bajamos a la calle, volvemos a ser los indios mugrosos, los inditos sumisos, los prietos. Nos arrebatan las tierras antiguas, nos lanzan fugitivos al monte y al hambre, nos venden rifles y aguardiente para que nos peliemos entre nosotros. Usan el derecho de pernada con nuestras mujeres. Nos achacan todos los delitos. Averiguan si sus mujeres blancas nos desean en secreto y se vienen con nosotros arañándonos las espaldas para que la sangre oscura derrame sangre aún más negra. Nos gritan ¡indio! o nos gritan ¡prieto! cuando se vienen con nosotros ¿No lo sabía usted, todo esto lo ignora su merced? Su merced. No somos ‘gente de razón’. No somos ‘gente decente’. Nos matan apenas les damos la espalda. Nos aplican la ley de fuga ¿Sabe su merced, que es gente de razón, lo que es ser un indio bruto y despreciado en este país? ¿Un indio patarrajada bajado del cerro a tamborazos? (…)” (del relato “Madre dolorosa”).