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“El gran Gattoni”

“’Casi ganar es lo mismo que perder’, aseguró alguna vez el Barón Gattoni, la figura más misteriosa y legendaria del catch argentino. Un ser errático y luminoso, un hombre de pasiones encontradas y amores volcánicos, de carácter imprevisible y fortaleza descomunal, Gattoni fue un grande de la lucha libre.






Después de triunfar en la Argentina, Gattoni lo abandonó todo y se embarcó en un tour deportivo alucinante y demencial, que lo llevó a Brasil, Estados Unidos, Canadá, Australia, Chile y que, ya viejo, lo encontró como luchador de sumo en Japón. Mientras tanto, en Buenos Aires, y excepto por unas pocas postales, su familia nunca más supo de él.

El Gran Gattoni reconstruye aquella saga de la mano de su nieto, Claudio Peroni, que paso a paso va descubriendo la vida aventurera de su abuelo, un superhéroe mítico de la infancia que parece rejuvenecer a medida que pasan los años (…)”.



#PerroGrisRecomienda“El gran Gattoni. La fabulosa leyenda de un campeón de lucha libre” de Claudio Peroni (Sudamericana, 2005)






“Al lado del abuelo, Karadagian se perdía. Era veinte centímetros más bajo y pesaba treinta kilos menos. Se destacaba, sin embargo, por su actitud arrogante. Inflaba el pecho y lo dejaba así, como si no necesitara respirar más, dándose porte y petulancia.

—¿Cómo le va, Gattoni?—lo saludó, gesticulando exageradamente—. Aun no nos han presentado.

—Pero ya me conoce, así que es lo mismo. Yo también sé quién es usted.

—Lo vi pelear y quiero desafiarlo. Le propongo una lucha ‘a cara de perro’—dijo Karadagian.

—Gracias, no me interesa—contestó, parco, mi abuelo.

—¿Tiene miedo, Gattoni?

Esperaba esa respuesta. Era la más común: se aceptaba el reto o se era un cobarde. No había términos medios.

—No conozco el miedo y no veo por qué tengo que conocerlo ahora.

—Lo desafío entonces. Que gane el mejor.

—Ya le dije que no. Nunca peleo con matones”.



“A los seis años descubrí Titanes en el ring y supe que mi abuelo había sido amigo del Caballero Rojo, de la Momia, de El Ancho Peuccelle y del Gitano Ivanoff. Lo miraba en un televisor blanco y negro que había en la cocina y no podía creer que el ‘Gran Gattone’ se hubiera codeado con ellos.

—¿Ves ese petiso?—señalaba mi mamá—. Ése es Karadagian. Tu abuelo siempre dijo que por su culpa tuvo que irse del país.

—¿Era muy malo con el abuelo?—pregunté.

—No, al contrario. Parece que cada vez que se encontraban, el petiso se escondía. Pero le hizo la vida imposible.

—¿Por qué?

—Porque sabía que tu abuelo le iba a ganar siempre”.

Luis Felipe Noé

Noé x Mirta ¡Gracias por tu generosidad!




A veces nombramos el caos como un desorden, o es acaso el movimiento que todo lo lleva, arrastra, ubica, para comenzar otro inquietante juego de nuevas situaciones. Como las pinturas de Luis Felipe “Yuyo” Noé. Un constante vaivén en ellas nos invita a dejarnos atrapar por el color, el asombro y miles de preguntas.

Unas preguntas que tendrán, posiblemente alguna respuesta, tal vez momentánea. Nuestra evolución como personas, nos llevará a volver a preguntarnos, confirmando que seguimos vivos.

Hasta el miércoles 20 de Septiembre permanece abierta, en el Museo Nacional de Bellas Artes, de la ciudad de Buenos Aires, la muestra “Luis Felipe Noé. Mirada prospectiva”.

El martes 19, 18,30 hs, habrá una visita de cierre, guiada por Cecilia Ivanchevich (curadora de la muestra) junto a la investigadora alemana Lena Geuer.

Juan José Oppizzi

¡Bienvenida la poesía de Juan! ¡Mil gracias!






“Fraternal” de Juan José Oppizzi



Andamos juntos

el olvido y yo.

Él no recuerda quién soy;

yo no recuerdo quién es.

Acaso ninguno existe.



“XVIII”



Allá está

el que has de ser.

No temas.

Una vez me mostraron

quién sería yo:

un hombre de oscuras ropas

y gesto claro.

No me agradó, recuerdo.

En los años lo perdí,

hasta que un espejo

me reveló todo.



“XIX”



Ahora soy

verbo conjugado en el presente,

criatura hecha

de un hoy grueso.

Pero mis ladrillos

responden a una argamasa inestable

y a un hilo de furtivos cambios.

Amy Winehouse

Periodista “El Mundo”: Dejando a un lado las propiedades, ¿cuál es la cosa más cara que ha comprado?

Amy: La recuperación de mi corazón de alguien que tal vez no se lo merecía. Pagué demasiado.

P.: ¿Cuál es su posesión más preciada?

A.: Mi lealtad.

P.: ¿Cómo le gustaría que la recordaran?

A.: Genuina.






Amy recibió su primera guitarra a los trece años y comenzó a componer un año más tarde. Al poco tiempo, empezó a presentarse en pequeños bares de Londres. Más tarde, formó parte de una pequeña banda femenina de jazz. Por entonces, su novio, el cantante Tyler James, entregó una maqueta suya a un productor, y así Amy comenzó su carrera profesional a los dieciséis años. Firmó su primer contrato con Simon Fuller, al que, posteriormente, renunció en 2002.






Más tarde, un representante de Island/Universal, Darcus Beese, la escuchó cantar cuando el gerente de los hermanos Lewinson le mostró unas producciones grabadas por Amy en las que ella era la vocalista principal. Cuando se le preguntó quién era la cantante, el gerente no lo sabía. Después de haber decidido contratar a Winehouse, Beese pasó varios meses buscándola para saber quién era. Sin embargo Amy se encontraba grabando canciones y, cuando la halló, la presentó a su jefe Nick Gatfield, quien, entusiasmado por el talento de la cantante, firmó con ella un contrato editorial con EMI. En ese momento conoció a su futuro productor, Salaam Remi.

Roald Dahl

Más de un siglo de Roald Dahl






Foto: Roald Dahl con su nieto Luke (1989)



Roald Dahl fue espía, piloto de combate experto, historiador de chocolate e inventor médico.
#PerroGrisRecomienda: “El gran cambiazo”

“Los cuatro relatos recogidos en este libro, que fue galardonado con el Gran Prix de l’Humour Noir, nos muestran a Roald Dahl en su mejor forma: un cóctel a la vez burlesco, barroco y macabro, tierno y cruel, ligero e inquietante, cuya receta exige mucho talento e imaginación y de la que puede afirmarse que este autor tiene el secreto. Dos de ellos, «El invitado» y «Perra», son fragmentos del Diario imaginario de Oswald Cornelius Hendryks, una especie de Don Juan moderno, refinado esteta, rico y mundano; un Diario tan escandaloso nos advierte el narrador que, en comparación, las Memorias de Casanova parecen una hoja parroquial. «El gran cambiazo» describe la ingeniosa estratagema concebida por dos maridos libertinos respecto a sus confiadas esposas. «El último acto» es el relato del reencuentro de una viuda y un antiguo pretendiente, en el que refulge también esta característica tan significativa de Roald Dahl: poner en evidencia las fisuras de la «normalidad», cómo en una situación aparentemente trivial se agazapa el horror. Estos relatos, cuyos temas centrales son el sexo y el placer, bajo su aérea y burlona apariencia son, a su vez, ácidas parábolas sobre la fragilidad del amor, la fatuidad del eterno masculino y la tenebrosa incertidumbre de la existencia”.(Contratapa de la edición de Anagrama)



“El último acto” (cuento de “El gran cambiazo”)



“Así que, de pronto, Anna se encontró viviendo en una casa completamente vacía.

Después de veintitrés años de ruidosa, ajetreada y mágica vida familiar, resulta espantoso bajar a desayunar a solas por las mañanas, permanecer sentada en silencio ante una taza de café y una tostada y preguntarse qué vas a hacer durante el día que acaba de empezar. La habitación en la que te encuentras, que ha oído tantas risas, ha visto tantos cumpleaños, tantos árboles de Navidad, tantos regalos en el momento de ser abiertos, ahora está en silencio y resulta curiosamente fría. La calefacción se nota en el aire y la temperatura en sí misma es normal, pero la habitación sigue dándote escalofríos. El reloj se ha parado porque no eras tú la encargada de darle cuerda. Una de las sillas está torcida y te quedas mirándola fijamente, preguntándote por qué no te habías fijado en ello anteriormente. Y, de pronto, cuando vuelves a levantar la mirada, te invade el pánico porque te parece que las paredes han avanzado lentamente, muy lentamente, hacia ti cuando no mirabas (…)”



Link para descargar el libro:

El gran cambiazo

Así festejábamos su centenario

Relatos del Pájaro Negro

En su cumpleaños, Jess nos regala un adelanto






Boceto de la tapa del libro que presentaremos el próximo 7 de octubre (diseño de la autora)



“Este libro es una recopilación de historias que me prometí escribir desde que tengo catorce años. Recién ahora logro concretar este viejo anhelo y me da mucha emoción poder publicar Relatos del Pájaro Negro de la mano de Perro Gris.



Cada una de las historias que presento aquí se ha quedado grabada en mi memoria pero a la vez, a medida que fueron pasando los años, se transformaron. Se unieron entre sí y mutaron bastante, pero siguieron siendo fieles a su esencia y al espíritu con el que fueron contadas.



Estos relatos formaron parte de mi historia y lograron inspirar en mí una gran atracción por lo extraño, lo oscuro y lo sobrenatural. Están basados en los “sucedidos” que relataban mis tíos, parientes, primos y allegados, quienes compartían sus anécdotas aderezándolas con un suspenso muy especial, capaz de mantener en vilo a un grupo grande de primos inquietos hasta altas horas de la madrugada. Hoy miro con nostalgia esas noches de tertulia bajo un alero, entre risas y sustos, mates y olor a campo. Es por eso que esta novela es también un homenaje a esas viejas costumbres que se van, que se evaporan como el humo de un fogón en la noche del tiempo”.