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“Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico” Leila Guerriero




#PerroGrisRecomienda: “Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico” Leila Guerriero (Tusquets editores, 2005)
Entre 1997 y 1999, una oleada de suicidios conmovió la pequeña localidad petrolera de Las Heras, situada prácticamente en medio de la nada y perteneciente a la provincia argentina de Santa Cruz, en la Patagonia. Los suicidas tenían, en su mayoría, alrededor de veinticinco años y pertenecían a familias modestas, oriundas de la zona. La periodista Leila Guerriero viajó a este desolado paraje, interrogó a los familiares y amigos de los suicidas, recorrió las calles, siempre desiertas, y visitó cada rincón del pueblo. Aquí, algunos fragmentos de ese relato.
“Casi no se notaba, pero tenía sombra azul en los ojos, y llevaba un poco de rimmel. Iba teñido de rubio, las cejas en su punto de menos pelo, labios pintados de rosa. Usaba un impermeable blanco y olía irremediablemente a gato. —Soy descendiente directo de tehuelche y mapuche, madre.
Pedro tenía 43 años, era poeta, profesor de inglés, toda una personalidad en la provincia y conductor de un programa de radio desde el que intentaba difundir las culturas tehuelche y mapuche, dos lenguas que hablaba. —Casi me muero cuando me dieron ese premio. Porque además de ser tícher de inglés de estos chicos me encanta promover nuestra cultura. También les enseño a hablar tehuelche, mapuche, porque si no todo eso se va a perder, y son nuestras raíces, nuestra fuerza. A mí estos chicos me rompen el corazón, porque los más chiquitos tienen unas ganas tremendas de autodestruirse, pero están ávidos, ávidos de cosas. Son almas lindas. Yo hablo mucho con ellos. Si tuviera plata los tendría a todos viviendo en un lugar donde pudieran aprender oficios. Que aprendieran a hacer delantales, manteles, a plantar cosas en una chacra, a cuidar chicos. Ellos me cuentan muchas cosas, que no las hablan con nadie, ni con los amigos.
—¿Y por qué a vos te cuentan cosas que no le cuentan a nadie?
—Porque me ven que también estoy marginado y sobre todo porque no oculto nada, ni los juzgo. Yo voy así a dar clases, como me ves. Yo creo que me ven como alguien que los entiende. Lo único que les digo es que, aunque vayan a ser mecánicos, se instruyan. Que un mecánico instruido es mucho mejor que uno sin instrucción. Antes yo me quería ir, conocer España, Francia. Ahora quiero quedarme acá, y quiero que los chicos de Las Heras sean alguien. Porque aunque se hagan que se las saben todas, los cancheros, son unas almas muy infelices. Yo fui con ellos a un programa de televisión en Caleta Olivia y los vi en las cámaras y eran unas cosas tan sanas, tan simples, tan bellas, que yo decía cómo uno puede pensar que estos chicos son unos quilomberos.
Yo los vi. Yo los veo. Son unas almas hermosas.
—¿Y de tu vida?
Dijo que la de él no era una vida linda, Que tenía muchas historias para contar.
Todas tristes”.