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Los escritores de pequeñas ciudades no tenemos la posibilidad de ser publicados por grandes editoriales sin tener que acatar sus lineamientos.
Menos aún, si las historias que contamos tiene como protagonistas a nuestra ciudad, sus calles y personajes.
Por esta razón, surge Perro Gris para dar impulso y trabajar de manera mancomunada con los escritores de San Pedro y, esperemos, de la zona.
Cada libro es especial para nosotros.
Nos encargamos de leerlos, revisarlos y encuadernarlos de manera artesanal.
Cada ejemplar es una expresión de nuestro amor al libro como obra de arte y como objeto.

Edith Piaf

“Edith Piaf:— Espero del amor aquello que me quiera dar, lo maravilloso, lo triste, lo trágico, lo extraordinario.

Periodista:— ¿La decepción?

Edith Piaf:— El amor nunca me ha decepcionado”.








“Quiero hacer que la gente llore, incluso cuando no entiendan mis palabras.”

“Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa… Pasé hambre… Pasé frío… Pero era libre…. Libre de no levantarme… De no acostarme… De emborracharme… De soñar… De esperar”.








Edit Piaf 2016 “Hymne à l’amour”

Piaf Por Cocteau 2016

Errico Malatesta

La vigencia de don Errico




🔹🔹Los escritos de “En el café” los comenzó en 1897, cuando, clandestinamente, redacta en Ancoma el periódico L’Agitazione, cuando toda la policía internacional estaba en busca suya. Malatesta había rapado su barba y no se mostraba en la calle en compañía de anarquistas conocidos. Fueron sus únicos recaudos.
🔹🔹Prohibidas sus publicaciones, Malatesta instaló un pequeño comercio de electricidad mecánica en la calle Sangiovanni in Laterano, en Roma y reanudó, sin desanimarse, su viejo oficio que desde 1882, con breves intervalos, le había permitido ganarse la vida en Firenze, París, Buenos Aires y Londres.
🔹🔹Los lectores verán que el anarquista de los diálogos, Jorge – o Errico Malatesta, por decir mejor— termina sus conversaciones en el café saludando a todos sus interlocutores porque debe partir sin saber cuándo volverá. Al escribir sus últimas palabras, Malatesta dijo al amigo en cuya casa se hospedaba: ‘Nadie sabrá nunca cuán literalmente verdadero es que debo partir sin saber cuándo regresaré’.
🔹🔹Luiggi Fabbri, Montevideo, 1934. Prólogo “En el café”, editorial Claridad (circa 1940).


🔹🔹 “En el café” (fragmento)
César: — Vea, yo reconozco que las cosas van mal y que es preciso remediarlas. Pero no hay que caer en utopías y sobre todo hay que huir de la violencia. Ciertamente el gobierno debería ocuparse más a fondo de la causa de los trabajadores: debería procurar trabajo a los desocupados, proteger la industria nacional, estimular el comercio. Pero…
Jorge: —¡Cuántas cosas quiere usted hacerle hacer al pobre gobierno! Pero el gobierno no quiere preocuparse de los intereses de los trabajadores y se comprende…
César: — ¿Cómo, se comprende? Hasta ahora el gobierno se ha mostrado verdaderamente incapaz y tal vez poco voluntarioso para remediar los males del país, pero mañana ministros instruidos y celosos podrían hacer lo que no se hizo hasta aquí…
Jorge: —No, querido señor, no es cuestión de un ministerio o de otro. Es cuestión del gobierno en general: de todos los gobiernos, del de hoy como del de ayer y como del de mañana. El gobierno emana de los propietarios, sus miembros son ellos mismos propietarios; ¿cómo podría, pues, obrar en interés de los trabajadores? (…) Mientras haya un gobierno, es decir, un ente sobrepuesto a la sociedad y provisto de medios para imponer con la fuerza la propia voluntad, no habrá emancipación real, no habrá paz entre los hombres.


Malatesta 2016

Antoni Tàpies

Antoni Tàpies





Materia sobre tela y collage de papel 1964. Superficies arenosas con grietas y materiales apelmazados. Tàpies, el último del trío de artistas catalanes que gobernaron el siglo XX -junto a Miró y Dalí- concibió esta imponente tela en el ecuador de la década de los 60. Tierra, tela y papel. Piedras, cruces y flechas. Geometrías y atmósferas que evocan lo gastado, lo que está a medio hacer, el trabajo en proceso.

🔸🔹Lo que quiero decir es que yo hago un trabajo muy individualizado. Yo voy a la caza de almas, no de masas. Convencer a las masas no creo que sea posible. Han de convencerse las personas por sí mismas. Cuando trabajo, lo que hago es poner una especie de mecanismos, para que la gente produzca un cambio en su manera de pensar y se ponga en el buen camino. Pero yo sólo le apunto un camino. Nada más. En realidad, es un trabajo muy modesto, ¿eh?




Azul Número LXIX 1957. La primavera de 2007 tocaba a su fin y Tàpies saltaba de nuevo a las portadas de los diarios internacionales tras la venta, también en la sala Christie´s de Londres, de una de las obras clave de la primera etapa de madurez del artista. Nada menos que 1,1 millones de euros, entonces el precio más alto jamás pagado por una obra del artista. Arena y óleo envueltos en una galaxia de tonos azules y ruinas inquietantes.



🔸🔹Dicen que los viejos nos volvemos más sabios. Y lo hacemos en el sentido real del término, que es aprender a vivir. Porque la sabiduría no es un puñado de frases o recetas bonitas para ponerlas en un museo, sino que se saca de practicarla en la vida de cada día, en el hecho de usarla para llevar la vida adelante. Y en esto me encuentro un poco más libre que cuando era joven.


🔸🔹Hay muchos grandes artistas que han usado mucho los colores primitivos. En el siglo XX, las vanguardias lo hicieron mucho. Colores simples. Rojo, amarillo, azul. De esto han abusado los pintores y la publicidad. Y ahora, la tele en color. Por eso yo decidí pintar con otros colores. Y tal vez también por la necesidad de buscar colores más profundos, más serios. En estas cosas hay una mezcla de todo. Como el sentirme cerca de la tierra. Siempre he querido acercarme a las formaciones del cosmos. En el fondo estamos hechos de tierra y volvemos a ella.


Antoni Tàpies 2016

Fuentes: Revista “El tiempo de hoy” y diario “El País”.

Gustavo-Ovnis y Cuántica

¡Bienvenido, Gustavo! 👏👏






Erase una vez un fantasma tan torpe que decidió llenar de puertas las paredes. Pero cada nueva puerta que abría, daba acceso a una historia también nueva; rodeada de firmes tabiques como suelen estarlo las historias.
Tan ocupado andaba el espectro rompiendo ladrillos, ajustando goznes y trasponiendo umbrales que pronto se olvidó de su torpeza y hasta de su noble condición fantasmagórica.
A fuerza de tiempo hoy es un simple carpintero cuya casa ha crecido tanto que ya es imposible saber si estamos dentro o fuera de ella… Calendario de instantes.

Día Nacional del Tango

#DíaNacionalDelTango
“La historia negada” de Juan Carlos Cáceres



Darle lugar que le corresponde a la herencia africana en la cultura argentina es una cuestión de justicia. El tango es el exponente más significativo -y el más exportado- de esa expresión afroargentina. No hemos de olvidar que Buenos Aires fue un puerto negrero y un tercio de su población era negra hasta mediados del siglo XIX.


La pregunta que generalmente se plantea es: “¿qué tiene de negro el tango desde Julio De Caro a Piazzolla?”. Lo que ocurre es que este largo proceso de transculturación coincide con el desarrollo de la sociedad argentina y su blanqueamiento progresivo (…).


Este olvido voluntario es producido por el racismo de una sociedad que mira a Europa.


Los largos años de guerras civiles contribuyeron asimismo a la desaparición física de la comunidad negra.







“Tango negro” Tango negro trío



Tango negro, tango negro,

te fuiste sin avisar,

los gringos fueron cambiando

tu manera de bailar.

Tango negro, tango negro,

el amo se fue por mar,

se acabaron los candombes

en el barrio ‘e Monserrat.



Más tarde fueron saliendo

en comparsas de carnaval

pero el rito se fue perdiendo

al morirse Baltasar.

Mandingas, Congos y Minas

repiten en el compás,

los toques de sus abuelos

borocotó, borocotó, chas, chas.



Borocotó, borocotó borocotó,

borocotó borocotó, borocotó, chas, chas.



Tango negro, tango negro,

la cosa se puso mal,

ya no hay más gauchos mazorqueros

y Manuelita ya no está

Tango negro, tango negro,

los tambores no suenan más

los reyes están de luto

ya nadie los va a aclamar.



Por iniciativa del compositor y productor artístico Ben Molar, el 11 de diciembre se celebra el “Día Nacional del Tango”, en conmemoración a las fechas de nacimiento de los creadores de dos vertientes del tango: “La Voz”: Carlos Gardel, el zorzal criollo, ídolo y figura representativa del tango, nacido el 11 de diciembre de 1890; y, “La Música”: Julio De Caro, gran director de orquesta y renovador del género, nacido el 11 de diciembre de 1899.

Día Nacional del Tango 2016

Leo Maslíah

#RePost2015

¡Feliz día, democracia! (10 de diciembre, día de la recuperación de la democracia)







“Por La fuerza no” de Leo Maslíah


Había una vez un país donde los obreros y los empleados ganaban sueldos muy bajos, los jóvenes no podían conseguir trabajo y debían emigrar, los alquileres estaban muy por encima de lo que la gente podía pagar, las jubilaciones no alcanzaban para nada y además había que mendigarlas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después perderlas a manos de los rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salían de cobrar.
Un día, ese país, cuyo gobierno había sido elegido democráticamente, cayó bajo la tutela de una dictadura que obligó a los obreros y a los empleados a ganar sueldos muy bajos, impidió que hubiera trabajo para los jóvenes, forzándolos a emigrar, impuso alquileres que estaban muy por encima de lo que la gente podía pagar, y jubilaciones que no alcanzaban para nada, y que además debían ser mendigadas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después ser arrebatadas de manos de sus poseedores por rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salían de cobrar.
Pero los habitantes de ese país opusieron una tenaz resistencia al gobierno de facto, acabando por derrotar a los dictadores, y dejándoles bien clarito que, si era una cuestión de vivir mal, había que hacerlo por propia voluntad, y no porque a un puñado de capitanejos se les antojara. Conquistada la restauración democrática, entonces, y sobre las ruinas dejadas por la dictadura, nuestros héroes se abocaron minuciosa y concienzudamente a la construcción de un país donde los obreros y los empleados ganaran sueldos muy bajos, los jóvenes no pudieran conseguir trabajo y debieran emigrar, los alquileres estuvieran muy por encima de lo que la gente pudiera pagar, las jubilaciones no alcanzaran para nada y además hubiera que mendigarlas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después perderlas a manos de los rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salieran de cobrar.

Julio Paz y Vadalá

¡Bienvenido, Julio!



“El niño y los gatos” de Julio Paz y Vadalá






El niño amaneció rodeado de gatos que volvían para jugar con él. Ya había pasado varias veces y no le molestaba. Entendía que los gatos son quienes quieren jugar con uno, y no uno con ellos. Así fue cómo aprendió a aprovechar otra vez el momento. Les preguntó dónde habían estado esta vez.


— Teníamos cosas que hacer. Visitar reinos y gente que nos llenan de regalos, pero no de forma sincera, sino por interés— dijo uno de ellos, el de ojos grandes como el firmamento, pelaje corto y orejas paradas de cazador.


— Entonces, ¿por qué lo hacen? — preguntó el niño aunque sentía que esta conversación había ocurrido antes.


— Obligaciones— respondió su felino amigo mientras se dejaba acariciar el lomo cuando se estiraba—. Tú también las tendrás, quieras o no— sentenció, a la vez que lamía sus patas.


Otro de los gatos buscó su compañía, entrelazándose entre las piernas del niño. Una forma suave y simpática de invitarlo a quedarse y que no avance más.


El chico alzó a su nuevo compañero grande y peludo, de cara achatada y mirada penetrante del color del sol cuando se va. Muy suavemente se acomodó entre sus brazos como un bebé y desde esa posición acurrucada le dijo que él también tiene obligaciones, además de venir de muy lejos. Muy lejos para los humanos, aunque haya algunos todavía.


— Todos nosotros venimos de lugares diferentes—, comentó mientras ronroneaba—. Venimos de sitios donde el humano aprendió a usar la arena para medir el tiempo de cosecha, aunque ahora terminó siendo esclavo de su propio invento.


— Otros venimos de ciudades cerca de donde despierta el sol—, comentó la más elegante y bella de todas. Casi como una diosa—.También vivimos en ciudades que ahora ya no están y sólo se las conoce por algún cuento. Fuimos y somos adorados por pueblos que buscaban algo para llenar sus vidas. Y estamos acá para descansar.


— Yo también soy humano—, les hizo recordar el niño.


— Tú eres eso y mucho más— le susurró al oído entre ronroneos otro de sus compañeros mientras frotaba sus orejas sobre la nuca del niño—. Nosotros también podemos tener un cuerpo como el tuyo, pero mantenemos la belleza de nuestro rostro.


— ¿Qué edad tienes? Nosotros no necesitamos medir el tiempo, con olernos nos es suficiente — le dijo otra pequeña bolita de pelos que saltaba como un guerrero jugando con los rayos del sol que se colaban por la ventana.


— Tengo diez. Vivo acá, en esta casa. Mi mamá cada día está más ausente, no habla. Se queda mirando al cielo esperando algo y sonríe y suspira cuando ve pasar un ave. Mi papá tiene mucho trabajo que quiere enseñarme a mí. Porque quiere que sea alguien normal, por más especial que mi mamá diga que soy.


— Si quieres puedes sentarte en el piso porque es el momento de la curación—, le dijo la más bella de todos, quien se acercó junto con los otros gatos.


El chico se sentó en el piso y sus compañeros comenzaron a lamerlo, especialmente en manos y pies.


— ¿Por qué hacen esto? —no podía resistir la tentación de reírse por las cosquillas que sentía y se juró recordar que la tentación no es una palabra mala.


— Es nuestra forma de agradecimiento— le respondió su amigo de la cara achatada mientras masajeaba con sus patitas la panza del chico—. Cuando eras bebé y tus padres huían, uno de nosotros estaba en el camino. Venía de pelear y estaba cansado, perdido, hambriento. Entonces tu padre lo recogió, acarició y acomodó al lado tuyo. El calor de tu cuerpo lo ayudó a relajarse, pero cuando lo tocaste con tu mano, ocurrió algo especial. Sintió que lo llenaste de vida. Siete, para ser más preciso. Sólo lo tocaste a él pero lo sentimos todos nosotros. Es un don que no teníamos. Por eso te curamos las heridas que vas a recibir y nos encontramos acá todas las veces que sean necesarias— continuó diciendo mientras no dejaba de masajear con esas patitas de juguete pero que podían ser letales por las garras que esconden.


— ¡Pero yo no estoy herido!


— Ahora no, pero sí lo sufrirás después, cuando tengas que cruzar el mundo del hombre. De este tipo de obligaciones hablábamos antes.


Cuando finalizaron las caricias recibidas algo hizo cambiar el rostro del niño. Cambió la mueca de su sonrisa por un dejo de tristeza. Sabía que tenían razón y se levantó del suelo.


Comenzó a caminar hacia la puerta, aunque no era una puerta de madera ni una arcada tallada en la pared. Era algo de luz que comunicaba hacia otro lado. Y eso es lo que hacen las puertas. Invitar a otros lugares.


El pequeño cazador de rayos de luz se cruzó en su camino y le dijo que sólo tendría que dar veintitrés pasos hasta la puerta. Y en un año haría muchas cosas. Y ellos estarían esperándolo siempre.


El chico agradeció las palabras y saludando a todos continuó la marcha. Y a cada paso que avanzaba, sentía los cambios en su cuerpo.


Primero, cambió su voz.


Luego se tocó la cabeza y le gustó cómo le quedaba el cabello largo que ya caía sobre sus hombros. Lo mismo sintió en su cara. Áspera al principio, pero llena de vello que notó sobre sus labios. Ya era adulto.


Mientras caminaba, contaba los pasos hasta la puerta. “Tenían razón, van a ser veintitrés pasos”, pensó mientras sonreía.


— ¿Cómo es que lo sabías? ¿Que serían veintitrés pasos hasta la puerta? — le preguntó al pequeño cazador, aún sonriendo.


— Cada paso es un año de tu vida. Te despertaste con diez años y no importa cuántos pasos sean, sino cómo los diste.


Y Jesús cruzó la puerta sonriendo, aunque sintió una especie de déjà vu en sus manos, pies y frente. Pero estaba tranquilo. Sabía que volvería con ellos una vez más.